Es una historia muy corta escrita por Oscar Wilde, conmovedora y llena de moralejas. Escrita con un lenguaje fascinante, entretenida, donde el autor transmite, con mucha pulcritud, nobles sentimientos y nos transporta desde la realidad hasta la ficción. Mientras nos entretiene, desarrolla el cauce de una lección de vida en su inesperado final. La pequeña historia tiene el mérito de ser una historia con valor universal, para ser leída y contada en todos los tiempos.

El egoísmo del gigante lo hizo construir una muralla alrededor de su castillo evitando así que los niños jugaran en su jardín. La llegada del crudo invierno lo aisló, mientras los niños disfrutaban de la primavera en los pocos espacios fuera del castillo. Mientras tanto el gigante envejecía. Extrañaba la primavera en su jardín. Al final, como todo en la vida, un niño le tendió las manos para rescatarlo de su triste soledad, lo invitó a pasar el resto de sus días con él, lo llevó al lugar más alejado del jardín, allí murió envuelto en flores y cantos de pajarillos.

Nos recuerda a este mundo lleno de gigantes. Muchos quizá hagan mucho daño con su egoísmo extremo. Otros, disfrutan de tenernos encerrados aunque no tengamos casa. Mientras otros andan libres construyendo muros llenos de odio y egoísmo pensando que son dueños de todo y queriendo todo solo para ellos. Otros, están sueltos convirtiendo al mundo en oscuros y eternos inviernos, y dedicándose a cercar los jardines mediante leyes que solo a ellos los benefician.

Debemos desterrar a ese gigante que tenemos todos, unos más grandes, otros más pequeños, y así podamos llegar a ser un poquito más humanos. Todo momento es ideal si se decide empezar. Siempre será bueno permitir que otros recorran nuestro jardín, porque en él siempre florece la esperanza. ¡Decidamos! Siempre será un buen momento para compartir lo poco o mucho que poseemos. La primavera tarda en llegar, pero es momento de actuar para desterrar a los gigantes que hacen que este mundo sea injusto. Es momento de hacer todos los esfuerzos para derribar todos esos muros, solo así podremos encontrar la luz al final del túnel aunque se encuentre tapiado de avaricia e injusticias. Solo así, nuestros agonizantes y moribundos corazones podrán latir a otros ritmos que nos permitan entender que no todo gira sobre nuestros ejes y que existe vida también en las más oscuras tinieblas de donde siempre será posible salir.