La ministra de Economía, María Antonieta Alva, ha sido ratificada en el cargo. Este es el punto fijo del cambio de gabinete. Es un acierto mantenerla. No se cambia al timonel en medio de la tormenta.

Si el giro ha servido para sacar a una sector de la caviarada del gabinete, como es siempre su destino inexorable en todos los gobiernos, hasta ahí podría decirse, como dicen algunos, que hay un giro a la derecha o un nuevo rumbo pro inversión. Demasiado tarde. Ya no hay tiempo para reformas. Solo para tres pruebas ácidas: Tía María, el salvataje de empresas, y Escazú.

El nuevo ministro de Energía y Minas, Rafael Belaunde, es consultor en negociación comunitaria, gestión de tierras y saneamiento físico y legal minero. Estas son experiencias clave para lo que hace falta en el Perú: consolidar la propiedad de las tierras sobre los recursos naturales. En realidad, su examen es destrabar Tía María.

En Trabajo, Martín Ruggiero es un joven abogado laboralista de un estudio privado a quien el premier Cateriano ha traído al gabinete, según confesión propia. No hay espacio para reformar la legislación laboral. Su tarea actual es flexibilizar el régimen de suspensión perfecta para salvar empresas y con ellas el empleo de sus trabajadores.

Los demás cambios son enroques derivados del giro fundamental.

La entrada de Pilar Mazzetti al Ministerio de Salud, por ejemplo, en reemplazo de Víctor Zamora es elocuente por sí misma. Y Rocío Barrios, ex ministra de la Producción, pasa ahora al Ministerio de Comercio mientras José Salardi, su viceministro en Produce, ocupa ahora la cartera que Barrios deja. Ambos, con Zamora, fueron los arquitectos del laberinto de protocolos que hasta la fecha frenan la reapertura de la economía. Salud y Produce se convirtieron en el principal obstáculo a la reactivación con el descabellado plan de matar dos pájaros de un tiro aprovechando la reactivación para formalizar al sector informal. Solo por semejante equivocación ambos deberían haber salido del gabinete, como Zamora.

Finalmente, el canciller Gustavo Meza-Cuadra ha sido cambiado por otro diplomático de carrera, Mario López Chávarry. No se puede descartar que la decisión tenga relación con el despropósito de Escazú. La firma se le había encargado a la ministra de Ambiente, Fabiola Muñoz, quien ha dejado el gabinete con Meza-Cuadra. Existe un documento de Torre Tagle en el que, para quien sabe leer el lenguaje, un párrafo deja constancia de las serias dudas de la Cancillería de firmar semejante abdicación de la soberanía del Perú.

Ahora veremos si el Canciller entrante sostiene la postura institucional de Torre Tagle o debe su cartera a la decisión política de suscribir el mamotreto. O si, alternativamente, se insiste en trasladarle el paquete tóxico al Ministerio de Ambiente, la trinchera de la caviarada entusiasta defensora de esa iniciativa que cuenta con el rechazo unánime de las Fuerzas Armadas. Walter Martos, ministro de Defensa ratificado en el cargo, tiene la palabra.

Ahora veremos quién manda en este pueblo.