De otra manera, no hubiera habido un gran circo sin salud y sin pan. La llegada de las primeras vacunas al Perú estuvo acompañada de un espectáculo vergonzoso. ¿Quién paga por los miles de policías y toda la parafernalia desplegada? No solo es un gasto innecesario sino una fantasía adicional, un simple anhelo; el valor casi mágico de una trasmisión televisiva digna de una hazaña, que nos hace vivir sensaciones y generar empatía. Sin embargo, como bien decía José Ortega y Gasset: “el pensamiento político debe ser física y no magia”. En la vida común y corriente del ciudadano el ilusionismo está muy desprestigiado, no genera ningún bienestar, no da de comer ni atiende necesidades, pero resulta increíble que, a pesar de ello, en la escena política esté tan bien posicionado. Nos encandilan con imágenes, donde no se persigue que la gente piense, sino que reaccione y de preferencia como rebaño. La honestidad, la experiencia o los conocimientos son valores secundarios. Las opiniones valientes y aisladas, pulverizadas por la “opinión pública”.

Luego de que la prensa oficialista nos atiborrara de frases cliché, regresamos a nuestra cruda realidad y lo cierto es que la cuarentena no está funcionando: tras la primera semana de confinamiento los contagios y las muertes siguen en alza. La opción de un país con más de 70% de informalidad no es hambre o salud, por ello es indispensable buscar un justo equilibrio para no destruir la economía, ya golpeada con 11.36% de caída en el PBI, miles de empresarios quebrados y familias endeudadas.

Las vacunas llegarán con cuentagotas y posiblemente retrasadas. No son el único salvavidas, eventualmente las cepas mutan, Sudáfrica es el más claro ejemplo de que no nos podemos confiar. El falso triunfalismo y la irracionalidad nos han pasado una factura inmensa. Lamentablemente, el primer encierro dictado por Vizcarra fue implacable y no estuvo acompañado de elementales medidas como abundancia de pruebas moleculares, distribución gratuita de agua, alimentos y mascarillas. Todos sus esfuerzos debieron estar canalizados a ello, pero se equivocó y a pesar de las muchas voces valientes que intentaban que enmendara rumbo, nunca lo hizo y ni siquiera pidió disculpas. El historial de despropósitos de este personaje de ingrata recordación, que cambió bonos por votos y, a quien vocean como el más votado y próximo presidente del Congreso (porque los peruanos tropezamos con la misma piedra muchas veces), quedará grabado en los anales de la infamia.

Cuando el Gobierno tiene la soga al cuello, siempre mira hacia el sector privado. Cuando está cómodo y confiado, solo busca golpearlo. Hoy hay desesperación, miles de peruanos muriendo por falta de oxígeno, pero el injustamente satanizado sector minero energético ya ha donado 23 plantas y hay otras en camino. Una de 30M3 por hora lista para ser donada al Hospital de Bambamarca por Goldfields. Antamina donará una planta adicional al hospital de Huaraz y se ha sumado a los esfuerzos de la SNI para el Hospital Dos de Mayo. Volcan en coordinación con la PUCP para apoyar al Hospital Cayetano Heredia: el sector privado más solidario y peruano que nunca.
Quien pueda entender esto, que lo entienda: San Mateo 11:15