El gran coronel

El gran coronel

7 de junio. Sentado, agotado por la fiebre que le atenazaba las sienes, el coronel Bolognesi aguardaba su inmolación. Recordó aquella vez que acompañó a su padre a la declaración de Independencia. Junto a San Martín flameaba por primera vez una bandera bicolor, cromática entrañable que quedaría impregnada en sus ojos infantiles.

Hoy, a sus sesenta y tres no se preguntaba por qué había solicitado su reincorporación para ofrendarse. Observaba, sosegado, el rojiblanco de 1821 sobre el terraplén de Arica (cincuenta y nueve años después y a unas horas de morir). Ya había demostrado su valor mucho antes, cuando montado sobre un bravo caballo recibió una bala en el muslo.

“La patria nos llama y yo estoy”. Se requiere coraje para decirlo. Lo dijo acompañando a Castilla en la abolición de la esclavitud y del tributo indígena. Extenuado hasta para morir, Bolognesi reúne a sus oficiales y les consulta sobre la decisión de resistir a las fuerzas chilenas. El consenso de la tropa es quedarse e inmolarse por la bandera.

El valor del rojo y el blanco reside allí, en la lucha de Bolognesi y de Cáceres. No hay otra, ni verde ni amarillo ni azul, tampoco hay más patria grande que la que nos vio nacer. La bicolor, con la fuerza de su simbolismo inspiró al heroico coronel, como a Miguel Grau en el Huáscar y a Alfonso Ugarte en su sacrificio final.

Cuando se denuesta de los doscientos años, se pretende deconstruir lo esencial, la patria como unidad, esa unidad que juntó a todas las sangres en una lucha común.

Bolognesi recordó que fueron las tensiones con Bolivia en 1853 las que lo animaron a unirse al Ejército.

Una lámina de sudor cubre su frente en Arica, vuelve los ojos a sus soldados y a la bandera que flameaba como la primera vez que la contemplaron sus ojos y como en cada izamiento. Con la fiebre punzando su entrecejo recordaría la vez que (ocho años atrás) se retiró, anegado de esa nostalgia y angustia que solo quien teme ver a su patria sitiada puede entender; no moriría en su cama, sino perforado por una bala en el corazón o un culatazo en el cráneo. Bolognesi nos ofrece la reseña de una decisión extraordinaria, corajuda e insobornable, la de moverse por una causa inalienable: la de morir si es necesario, para ver a su patria libre de toda execración.

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