Hay fechas que marcan un antes y un después en la vida de un país. Hay gestas que se convierten en el inicio de algo mayor a lo que fue su primera intención. Lo que ocurrió este sábado en Lima califica como un hito en la política peruana.
Fue realmente emocionante ver gente pedir que se respeten unas elecciones que se han visto manchadas desde el principio con triquiñuelas que buscaron distorsionar la verdadera voluntad del pueblo.
La del sábado fue una marcha pacífica y alegre. Sin destrozos ni daños que lamentar, donde nuestra bandera rojiblanca fue la protagonista.
Vladimir Cerrón, Pedro Castillo y sus recién estrenadas guaripoleras nos miran con recelo y buscan manchar la marcha del sábado con absurdas etiquetas que solo revelan que la movilización fue un éxito y que al grupo de peruanos que alzamos nuestra voz, ya no nos calla nadie.
Han sido años de “atarantarnos”, de creerse los dueños de la verdad y de la calle. Los únicos con derecho a reclamar. Años escuchando “no les hagas caso”, “no te pelees”. Pero llegó un día que su amedrentamiento chocó con nuestra indignación.
Desde el 2011 tomaron por asalto el Estado y no lo piensan soltar. No les interesa ni la democracia ni la institucionalidad. Solo vale no perder poder ni sueldo. Si realmente les importara la democracia estarían preocupados por las innegables irregularidades de estas elecciones.
Los mismos –salvo honrosas excepciones- que avalaron la hoja de ruta de Ollanta Humala y el juramento de San Marcos en el 2011, son quienes se engañan a sí mismos asumiendo que Pedro Castillo deslindará de Vladimir Cerrón, cuando este último ya les advirtió que en caso que finalmente se declare a Castillo vencedor será Perú Libre el que gobierne, sí el del ideario, el mismo.
Y aunque no tengan las herramientas de las guaripoleras, hacen méritos para parecerlo. Se trata de algunos miembros de la comunidad financiera peruana, que ya se dieron por bien servidos con una reunión con Pedro Francke, lo que no saben es que Cerrón (el que corta el jamón), terminará de imponer su programa estatista y autoritario. Muchos de los que se pusieron #depie en noviembre ya están de rodillas ante Castillo y Cerrón.
No sabemos en qué terminará esta terrible pesadilla, pero de lo que sí sabemos estamos seguros es que quienes queremos vivir en libertad y democracia hemos despertado y no nos callan.

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