El martes pasado en esta misma columna señalé que de confirmarse que la segunda vuelta electoral se daría entre la fórmula presidencial de Perú Libre y la de Fuerza Popular (situación que ya quedó así definida) ello “…supondrá, inevitablemente, contrastar ideas y planteamientos claramente opuestos respecto al rol y poder del Estado frente a las libertades individuales, económicas y sociales de la persona; también la integración o aislamiento del Perú en el contexto internacional….”
Mientras auguramos para las siguiente semanas un debate serio y alturado sobre dos modelos de sociedad y sobre dos alternativas de futuro para nuestro país, considero que resulta necesario abordar la capacidad del candidato que lidera la fórmula presidencial que busca cambiar el modelo hoy vigente en el país derivado de la Constitución Política que nos rige.
Hablar de capacidad no solo se refiere a la preparación para ocupar el cargo de presidente de la República, sino también, y sobre todo, de su peso específico para liderar el programa que propone.
El candidato de Perú Libre, desde enero de 2005 a julio de 2017 estuvo afiliado al partido Perú Posible, liderado por Alejandro Toledo. Me remito a su declaración de hoja de vida ante el Jurado Nacional de Elecciones.
Es decir, el candidato Castillo hasta hace menos de cuatro años era militante toledista y en el plano ideológico o ético no tuvo problema alguno con la gestión del sujeto que le negó por catorce años la paternidad y apoyo alimentario a una hija y que, además, se enriqueció al punto de adquirir millonario patrimonio en el Perú a fines del 2011 y tener más millones aún fuera como recién le ha incautado la justicia estadounidense.
Hoy Castillo es candidato del partido fundado hace casi una década por un marxista convicto y confeso como Vladimir Cerrón, que pese a ser el líder máximo y representante legal de Perú Libre, no puede ser candidato en el corto y mediano plazo por tener condena firme por delito de corrupción cometido siendo Gobernador Regional de Junín y con motivo ¡atención! de una obra para dotar de agua potable a los pobladores de La Oroya. Cerrón buscó ser primer vicepresidente de Castillo, siendo rechazada la inscripción.
El candidato Castillo recién lleva siete meses afiliado al partido de ideología marxista y ha servido de locomotora para llevar en la lista congresal a allegados a Cerrón, incluido el hermano de éste y hasta gente investigada por terrorismo y vinculada al Movadef.
Aparece, entonces, muy claro el hombre de atrás