El cierre del Congreso demostró la incompetencia de Vizcarra para gobernar. Sin la mentira del “obstruccionismo”, el ingeniero evidencia sus carencias de las mínimas capacidades para sacar adelante al Perú. El ex apoderado de Graña y Montero está salpicado de corrupción, la de su entorno y la suya propia. Hace unos días El Comercio volvió a sacar a luz el pago irregular de más de 41 millones de soles a una cuestionada empresa constructora.

La congresista Rosa Bartra, hoy candidata por Solidaridad Nacional con el 1, dijo en RPP que se pagó S/41’869.086 a un consorcio integrado por ICCGSA, una de las empresas investigadas por el caso ‘Club de la Construcción’. El desembolso se realizó el 30 de diciembre de 2014, un día antes de que Vizcarra finalizara su mandato de gobernador regional. “Creo que estas son las casi 42 millones de razones que tuvo para cerrar el Congreso. Sabe lo que carga, lo que tiene, lo que cargan quienes lo rodean: César Villanueva, Edmer Trujillo, los ministros que han tenido que salir por actos de inconducta funcional. [Vizcarra] tenía que quedarse sin el control político, tenía que romper la cámara filmadora que registraba sus actos”, dijo Bartra a RPP. Vizcarra realizó su pitufeo millonario el último día a cargo de Moquegua, dividiendo “en 130 pagos de 330 mil cada uno para no pasar el límite legal”, tuiteó el Secretario General de Solidaridad Nacional, Rafael López Aliaga. Pese a las evidencias, la fiscalía archivó varias veces el caso. ¿Por qué?

Tener a la cabeza a quien necesita enterrar corruptelas garantiza la instauración de una dictadura y la no convocatoria a elecciones el 2021, a menos que haya encontrado ya a “su” hombre; mientras tanto tratará de destruir a la oposición democrática, empezando por Keiko Fujimori. A Vizcarra se le acaba el oxígeno: Odebrecht ya no lo necesita y su ex patrón José Graña le lanzará a los perros antes que lo muerdan a él. Si acaso existió un “pacto” entre los vinculados a Lava Jato y Club de la Construcción ya es polvo. Vizcarra se aferrará con uñas y dientes al cargo que lo hace intocable hasta encontrar a “su” hombre. Por ahora le conviene una “brisita bolivariana”, que la pradera se incendie o una gran convulsión social.

El autócrata busca salida. Ha creado una coyuntura favorable para un líder mesiánico y antisistema. Ese líder fulminará a las escuálidas instituciones republicanas. Quizá “su” candidato a largo plazo ya haya sido identificado, deberá tener rabo de paja, cercanía al castro-chavismo y ganas de enfundar un polo rojo. ¿Ollanta Humala, quizás?