El indulto a Fujiimori y nadie cuadra a la Corte Interamericana de DDHH

El indulto a Fujiimori y nadie cuadra a la Corte Interamericana de DDHH

Voy a explicar jurídicamente la excarcelación del expresidente Alberto Fujimori por una decisión del Tribunal Constitucional. En primer lugar, es importante decir que el indulto que recibió Fujimori no es un caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como se viene haciendo creer a la opinión pública. Esta premisa no debe ser difícil comprenderla. El caso, stricto sensu fue el de Barrios Altos y La Cantuta, y por éste, Fujimori fue hallado culpable, siendo condenado a 25 años de pena privativa de la libertad por el delito de homicidio calificado. También se quiso confundir a la opinión pública diciendo que Fujimori fue condenado por el delito de lesa humanidad y para darle cierta “veracidad”, deliberadamente redactaron a título de pie de página en la parte resolutiva de la sentencia que “el delito cometido constituye de lesa humanidad de conformidad con el derecho internacional”. Muchos cayeron en la trampa porque ignoraron que este delito no existe en el Código Penal del Perú por lo que era realmente burdo sostener que ese fuera el delito por el cual Fujimori fue condenado. Igual nomás, sin importarles, ningunearon el principio de legalidad “NULLUM CRIMEN SINE LEGE”, que dice que no hay delito si acaso no está previsto en la ley. Siendo que el delito de lesa humanidad no lo está en el derecho penal peruano, jamás podría imputárselo al expresidente. Ahora bien. Durante el cumplimiento de la condena, el expresidente, Pedro Pablo Kuczynski, premunido de sus prerrogativas constitucionales, decidió concederle a Fujimori el referido derecho de gracia, que interrumpió, ipso iure, el cumplimiento de la condena al cuarto de siglo de cárcel. Por tanto, jamás fue tocada la naturaleza culpable de Fujimori, que hoy ni siquiera está en debate, es decir, la libertad de Fujimori no debe entenderse como sinónimo de inocencia porque más allá de conseguirla, pues ha sido dictada por el Tribunal Constitucional, nadie cuestiona que sea culpable.

El indulto significa que Fujimori mereció el perdón de la pena -es una regla de juego convencional que vale para todos los que pudieran ser beneficiados (hasta Abimael Guzmán pudo haber sido acreedor a ella si el presidente de turno consideraba concederlo, nos guste o no), y que, repito, fue interrumpida por el referido derecho de gracia presidencial, dejando intacta su culpabilidad, por lo que técnicamente seguirá contando con esta calificación hasta que se hayan cumplido los 25 años de condena. La Corte IDH, rompiendo con los antecedentes en el derecho supranacional comparado, en los que no existe un solo registro de un tribunal internacional que haya cambiado la voluntad de un jefe de Estado, decidió hacerlo con nuestro país, impactando en la soberanía del Perú. Las piezas procesales remitidas por la Corte IDH en las últimas horas refiriendo a la justicia peruana para que detenga la liberación de Fujimori es una evidente muestra de un manotazo de ahogado de un tribunal supranacional que confirma hallarse en acto marginal con los intereses del país, más bien jugando en pared con sectores que se ensañaron con el expresidente, creyendo como acto de justicia, verlo morir en la cárcel. La posición política del Estado peruano frente a la osadía de la Corte IDH, no existe pues el canciller brilla por su imperdonable silencio y eso empieza a revelar su falta de fuste político y ya empiezo a contarle sus falencias que no esperaba; el decreto supremo que exonera de visa los salvadoreños tampoco ha sido explicado al país, pues fue anunciada su participación en un canal de televisión y jamás se presentó. Sin liderazgo internacional a la vista, no quisiera creer que no todo lo que brilla es oro.

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