Al intelectual miope se le voltean los ojos cuando la población LGTB es objeto de escarnio, y está bien; pero reniega con sorna de quien ve en el celibato una forma de vida. Juzga la vida según sus antipatías políticas. Gusta del bullying y de la burla porque es mayoría en su microcosmos virtual. Si te injuria lo encaras en la calle y se derrite. Espéralo en su puerta. Pontifica sobre la tolerancia, pero si eres el otro, serás DBA, derechista, bruto y achorado. Serás bruto por pensar distinto, aunque pensar distinto sea la base de esa democracia con la que se llena la boca.

Abusa del cliché y te etiqueta, eres “fujiaprista” si lo atacas. No puedes ser liberal, socialcristiano o pragmático, debe encasillarte en términos partidarios que ya ni siquiera sirven para nada porque solo así sus ojos adquieren la fijeza que no tienen para capturar al enemigo. Lo rige el odio, pese a que presume de su intelecto y sus saberes. Le daría el voto al “Che” si fuera peruano y viviera, si viviera y fusilara (parece no haber leído sobre el homofóbico revolucionario). Todo sirve si tu enemigo ideológico cae. El intelectual miope aspira a ser González Prada, comecuras, pero gozador de bonanzas y amargado de derrota. Se guardó gran tiempo en su casa durante la ocupación chilena. Tuvo, al menos, el ingenio y la gracia que el intelectual miope no tiene. “Es que es inteligente abrazar las causas de avanzada” aunque no las entiendas ante un buen polemista.

El intelectual miope es la reserva moral, interpreta lo políticamente correcto, rige el lenguaje, la escuela, la forma como te debes comportar en la red. Él manda porque traduce lo que dice la academia, las ONG, la mayoría de medios. Sofocleto, incorrecto él, hubiera sido guillotinado. Enmudece en la cancelación aunque se pavonee de intelectual. Si desaparecieran a Victor Hugo por una frase en su obra, callaría. Juzga la obra por la ideología o conducta de su autor.

“Para mis amigos todo, para los demás la ley”, fue de Benavides; pero podría ser del intelectual miope que camina en manada o collera, que boxea entre focas, que apana en teclado y que, en el fondo, no es realmente lo que parece. El intelectual miope asume que la inteligencia tiene por rasgo la ironía, pero de ironía no sabe más que de la humillación y de la mofa.