Algunos lo hacen por ignorancia pero otros adrede, para confundir. El término “incapacidad moral permanente” de la Constitución peruana se refiere simple y llanamente al juicio político que el Congreso puede hacerle al presidente de la república para, eventualmente, destituirlo. La interpretación depende única y exclusivamente de los parlamentarios que efectúan el juicio. Y la destitución resulta del número de votos necesarios para vacarlo.

Es absurdo pretender definir, según los gustos de cada quien, qué cosa es moral o inmoral, ético o antiético. Por ejemplo, ¿sería inmoral que el presidente tenga una o varias amantes? Para algunos seguramente sí es inmoral. ¿Sería una causal de vacancia? Para muchos no.

En los EE.UU. intentaron vacar al presidente Bill Clinton a raíz del descubrimiento que tuvo relaciones sexuales consensuadas con una mujer adulta y él lo negó. Finalmente, luego de un largo proceso, el afán no prosperó. Aunque los partidarios de la destitución tuvieron mayoría en el Senado, no lograron la votación calificada necesaria.

Clinton hizo un buen gobierno, la economía y el empleo crecieron en sus dos mandatos, no intentó destruir la democracia ni instaurar una dictadura comunista en su país, no nombró ministros vinculados a organizaciones terroristas ni manipuló políticamente a los mandos de las FFAA. Pero igual intentaron vacarlo.

Como he señalado en otra ocasión, la Constitución de los EE.UU. (de 1788), establece en su artículo II que el presidente y otros funcionarios pueden ser destituidos mediante juicio político, por acusaciones de “de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves.” Es decir, causas genéricas, que dejan a criterio de los representantes legítimamente elegidos, los parlamentarios, la interpretación y posible aplicación de ese artículo. Y tanto la Corte Suprema –que cumple funciones de Tribunal Constitucional- como el Senado de los EE.UU., con buen criterio, han rehusado limitar esa definición imprecisa.

Así lo establecen no solo la Constitución de los EE.UU. sino prácticamente todas las constituciones de los países con regímenes presidencialistas. Es un mecanismo indispensable para posibilitar una salida democrática e institucional a una crisis.

En América Latina hay una necesidad adicional, servir de válvula de escape a las tensiones sin provocar un golpe militar, que fue, hasta principios de la década de 1980 –cuando los EE.UU. y la comunidad internacional los prohibieron-, la forma habitual de resolver las crisis en el continente

En el Perú las vacancias de Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra fueron detonadas por acusaciones de corrupción, aunque en el caso de PPK nadie le imputó haber recibido una coima y probablemente nunca puedan probarle ningún cargo, mientras que Vizcarra es obviamente un corrupto, de acuerdo a las evidencias y testimonios recogidos por la fiscalía.

En el caso de Pedro Castillo no solo se trata de corrupción –desde la financiación de su campaña hasta el escándalo de su secretario-, sino de algo mucho más grave, su propósito declarado de instaurar una dictadura chavista.

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