El 28 de julio del 2021 nuestro flamante primer mandatario prestó juramento por una constitución inexistente al asumir la Presidencia de la República. Su actitud desconcertó a muchísima gente por ser la fecha del bicentenario. Sin embargo no debió sorprendernos tanto, porque el Presidente Pedro Castillo se ha lanzado desde el primer día su asunción al poder, a una carrera disruptiva que tiene inicio pero que no sabemos cuál será su fin.
Cuando examinamos esta materia debemos considerar que de acuerdo al artículo 116 de la Constitución “el Presidente de la República presta juramento de ley y asume el cargo, ante el Congreso…” La Ley Orgánica del Poder Ejecutivo No. 29158, no dice nada acerca del particular y aparentemente no hay ninguna otra norma legal aplicable al caso. En vista de este vacío normativo debemos considerar los precedentes históricos. En tal virtud, recordando las ceremonias más recientes, la inmensa mayoría de los presidentes han jurado por la constitución vigente del momento, salvo Ollanta Humala que juró por la Constitución de 1979.
Este juramento originó una fuerte reacción de la Congresista Martha Chávez Cossío, que brindó a sus colegas parlamentarios y a los dignatarios invitados el estruendo de su voz. Recuerdo que los vicepresidentes Chehade y Espinoza siguieron su ejemplo pero no ocurrió nada más. Ninguna persona objetó la legalidad de su juramento, quizás porque la carta de 1979 forma parte de nuestra constitución histórica y además porque la Constitución de 1993 repite textualmente muchísimos de sus artículos.
Ahora enfrentamos una situación distinta. Cuando juramos de acuerdo a la definición del diccionario de la RAE “afirmamos o negamos una cosa, poniendo a Dios por testigo o en sí mismo o en sus criaturas”. En muchos países laicos puede omitirse la referencia a Dios, pero siempre queda el sentido de una afirmación veraz por lo más sagrado de la persona que lo presta. La mentira en un juramento es un delito.
Enrique Bernales en sus Comentarios a la Constitución de 1993 señala que el juramento del Presidente “es un compromiso esencial que impide al titular del Poder Ejecutivo convertirse en un autócrata”. Por consiguiente, el juramento presidencial es mucho más una mera fórmula protocolaria, para convertirse en una norma que limita sus derechos y garantiza los del pueblo. El juramento presidencial de cumplir la Constitución es parte esencial del régimen republicano.
El Presidente Castillo al jurar por una constitución que no existe cometió un grave error y además desafió al pueblo peruano ignorando sus derechos. Perpetró una grave falta ética y jurídica. En la celebración del Bicentenario se deslizó sin querer o quizás queriéndolo, en un acto que podría ser considerado como la primera manifestación de su incapacidad moral permanente.

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