El reciente estudio de opinión pública efectuado por Datum nos enfrenta con una realidad grave e inobjetable. A pesar de que los medios de comunicación han destacado la presencia de personajes vinculados con Sendero Luminoso en el Gobierno, ya sea en su pasado juvenil como en el más reciente con el Movadef, vemos que el Sur y el Centro del país aprueban la gestión de Castillo con 58% y 55% respectivamente.

En un país donde las candidaturas pueden desfallecer por rechazar un chicharrón, resulta increíble que a pesar de las decenas de miles de asesinatos de manos del terrorismo más sanguinario que ha existido en América, del miedo y el dolor que significó durante dos décadas; casi la mitad de los consultados en esas macro-regiones afirme que Castillo está capacitado para gobernar. Es evidente que a un tercio de la población del país no le preocupan las consecuencias de un régimen autoritario de intenso corte populista, aunque ello signifique dejar atrás la democracia, el Estado de Derecho y las libertades.

Aristóteles, Locke y Burke advirtieron, a su modo, que la democracia solo funciona sustentada en una economía de propietarios y comunidades de auténticos ciudadanos; solo así, la mayoría de electores vota pensando en lo mucho que pierde si se trastocan las leyes. De alguna manera, el pacto social y político de nuestra Constitución no ha tenido el desarrollo necesario, incorporando a las comunidades y a los pequeños agricultores al modelo económico, convirtiéndolos en afortunados partícipes de las utilidades en los proyectos extractivos e impulsando el ingreso del capitalismo en las zonas andinas más atrasadas. Mal distribuidos el canon y los impuestos, el Estado no ha promovido el desarrollo de la agricultura en la Sierra, acompañando al natural instinto empresarial del peruano con la formalización de su propiedad, créditos con bajo interés y garantía suficiente, ni ha incentivado el uso intenso de la tecnología para transformar cultivos tradicionales en productos de exportación.

Mientras el campesino venda a precios irrisorios su papa con “ojos” y de tamaño irregular, lo que no permite su corte industrial, sufrirá pobreza al no poder ofrecer bienes con valor en el mercado; creerá en promesas revolucionarias y votará con la esperanza de recibir bonos y subsidios directos. Se suma a ello, la corrupción y el enfrentamiento que terminó por agotar la legitimidad del régimen democrático en los sectores no comprometidos con su defensa. Si acaso logramos salvarnos del comunismo bolivariano, convendrá trabajar duramente para corregir la realidad que Datum nos expone.

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