Hoy el Perú duele más que nunca. A la muerte masiva de compatriotas debido no a la covid sino al accionar genocida de la mafia encabezada por Martín Vizcarra, se suma el espectáculo bochornoso de un gobierno de transición que da palos de ciego; mientras la prensa subvencionada intenta lavarse las manos, cuando en verdad es corresponsable de la tragedia.

Es falso y complaciente sostener que todos los peruanos cayeron en la gran mentira de aquel a quien llaman “lagarto” por su falta de escrúpulos. Desde el primer día un puñado de analistas nos opusimos al régimen de terror que estructuró el moqueguano en complicidad con las izquierdas marxistas y globalistas en alianza con los ultramercantilistas que manejan el gran sistema de corrupción transversal en nuestra república.

Los indicios y las denuncias que advertían sobre la inmoralidad de Vizcarra eran tan grandes que únicamente los miopes, los imbéciles y los cómplices no quisieron reaccionar.

Nos lanzaron todo tipo de campañas de desinformación, desprestigio y hasta amenazas personales, pero resistimos. Inclusive remontamos la manipulación que puso en la calle a miles de jóvenes tan ilusos cuanto candorosos a quienes el régimen utilizó como soporte para la quiebra del Estado de Derecho.

Pero finalmente el vizcarrato no ha podido ocultar sus raterías, su entreguismo vendepatria en el caso Lavajato y sus arreglos escandalosos en proyectos inservibles como el de la refinería de Talara y el aeropuerto de Chinchero; tampoco puede soslayar su crimen masivo en el manejo de la pandemia y la compra de las vacunas.

Enterarnos que el lagarto y una larga lista de su argolla de miserables ya se habían vacunado mientras millones de peruanos no logran hasta ahora una dosis de oxígeno, no sorprende. Solo ratifica la urgencia de que se instalen los tribunales penales para juzgarlos; y que se revise la estructura de una administración pública podrida.

En este punto está bien que se abra una investigación por parte de Sagasti, pero es ingenuo esperar informes que jamás revelarán toda la verdad. Si la lógica jurídica prevaleciera en la Fiscalía, el sociópata Vizcarra y sus sicarios ya deberían estar en prisión preventiva.

Ampliar el recuento puede ser morboso. De momento solo cabe alentar al pueblo para que lapide con el voto al lagarto y se prepare para una lucha frontal contra todo lo que éste representa. La izquierda antiperuana y sus asesinos de cuello blanco deben ser derrotados.