La semana de nuestro aniversario patrio republicano y nada menos que bicentenario, ha estado llena de situaciones inauditas que además de patéticas (penosas, lamentables y hasta ridículas en sí mismas) anuncian también –por protagonista y contexto– un panorama nocivo y contrario a lo que un Estado y un gobierno deben significar para su pueblo: el bien común.
Incluir en el juramento de asunción del cargo presidencial de la República, la cantinela o insistencia de buscar una nueva Constitución, pese a que se asume, entre otras funciones de dicho cargo cumplirla y hacerla cumplir junto a las demás leyes, incluso mediante el uso de la fuerza (obviamente sujeta a esa misma normativa), resulta contrario al clima de seguridad y predictibilidad jurídica que tirios y troyanos señalan necesario para superar el difícil escenario social y económico generado por la pandemia y la ineficiencia de los gobiernos del período 2020-2021.
Incomprensible y dañino para la diplomacia peruana fue invitar a jefes de Estado como los de España y Colombia para incomodarlos durante el primer mensaje presidencial, con lamentos que denotan simplismo, incoherencia y hasta ignorancia y bien estudiados “olvidos”. Quejarse de la presencia española en nuestra historia, teniendo raza y apellido mestizos y luciendo una prenda originaria de Europa, resulta por lo menos impertinente.
Qué no decir del anuncio en el mensaje de nuevos gastos por miles de millones de soles que no abundan en nuestra hacienda y que solo pueden generarse en un clima de seguridad y tranquilidad, salvo que se pretenda emisión inorgánica y grave devaluación que ya hemos sufrido en los años ochenta. El gasto fácil no es un adelanto de la figura regalona de Navidad, sino una carnada lanzada hacia los más necesitados y que significará delicia de un instante y posterior sofoco y hasta muerte.
El viaje a Ayacucho, con el padrino Cerrón de invitado, como lo fue en el propio Congreso, y la toma de juramento allí como jefe del gabinete ministerial nada menos que de un prontuariado por apología al terrorismo, no solo fue un insulto a las víctimas de las bandas criminales de Sendero Luminoso y el MRTA, sino también confirma que el “hombre de atrás”, el real poder tras el trono, es el ex gobernador regional de Junín, condenado por corrupción, con sentencia firme. Como no podía ser de otra manera, el flamante presidente del Consejo de Ministros, formó, a trompicones incluso, un gabinete de allegados a su corrupto mandante, muchos de ellos con mayor prontuario aún.
¡Sin duda este lápiz necesita ser tajado!

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