Maduro se ha consolidado en Venezuela. Empezando por Estados Unidos, la Unión Europea, el Grupo de Lima y, en general, el resto del planeta, todos han decidido dejar de lado el caso Venezuela, abandonando a millones de venezolanos frente a una tiranía letal. Idéntica tesitura mantiene el orbe respecto de Cuba, un régimen totalitario, peligroso al que nadie le exige respetar los derechos humanos; menos las libertades personales. Tampoco se protesta por los crímenes contra quienes se oponen a la sacrosanta revolución. Es decir, el resto del mundo se ha olvidado de Latinoamérica, abandonándola a su desgracia. Inclusive ni los affaires de extrema corrupción que evidencia esta parte del Continente son de interés para el resto del planeta. Veamos lo que acaba de ocurrir en Brasil.
La Corte Suprema de ese país ha habilitado a Lula da Silva para ser candidato en los comicios de 2022, al ratificar el fallo del 8 de este mes emitido por el juez Edson Fachin a través de una medida cautelar para la anulación de las condenas a más de 25 años que había recibido Lula en 2017. Según BBC, Fachin considera que fueron irregulares los dos procesos por los cuales Lula fue condenado a prisión, así como otros dos aún sin sentencia. Fundamenta su decisión en que el juez que condenó a Lula, Sergio Moro, llevó a cabo los procesos en Curitiba, donde no tenía competencia para hacerlo. Sospechosísima causal, exógena al fondo del asunto. Porque esta sentencia no sólo libera de la cárcel a un corrupto, exonerado de su sentencia no porque no haya delinquido robándole a su país, sino por el mero hecho de ser socialista. Una realidad que se esparce como la espuma por el resto de los países tercermundistas que conformamos la región latinoamericana. Acá el derechista va preso; el izquierdista queda libre. La derecha se esmera en consolidar la democracia que permite al país cambiar de gobierno cada quinquenio; mientras que la izquierda captura el poder, no le deja más y somete al país -y a su gente– al peor de los castigos: la miseria, el hambre, la falta de libertades y la violación de derechos humanos.
En estos días nuestro país enfrenta una coyuntura que podría dispararlo a la órbita comunista que integran Cuba, Venezuela y Nicaragua, a la cual vienen aproximándose Bolivia y Argentina. En los tres primeros, la consolidación del viejo y nuevo comunismo es una realidad. Empezando porque los regímenes se eternizan; las generaciones se acostumbran a vivir ajenas a la libertad personal, sin derechos humanos, rodeadas de miseria como práctica usual; sometidas al ucase del tirano que, junto a su familia, amigos y las autoridades que le rodean, se pasan la mejor de las vidas con el dinero del pueblo pauperizado. Los otros van camino a ello. ¡Mientras tanto acá, hay centroderechistas que están en la incertidumbre de votar a favor o en contra de quien va a disputar la segunda vuelta con el representante del comunismo!
De triunfar el comunismo, amigo lector, no habrá vuelta atrás.

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