El mito de la Constitución

El mito de la Constitución

El cambio de Constitución es la peor mentira que ha difundido el infeliz régimen que nos desgobierna con el ánimo de engañar al pueblo. Estamos viendo que ese empeño está fracasando ante la reacción de muchos gremios empresariales, de composición popular, que se han dado que cuenta que una Constitución por sí misma no opera milagros, pero que si está mal enfocada puede generar inmenso daño económico.

El concepto de Constitución es un invento reciente en la historia humana. Apareció por primera vez en Inglaterra del siglo XVII para combatir el poder absoluto de los reyes. La constitución inglesa, ni siquiera es un documento único y así permanece hasta hoy. Está compuesta por un conjunto de leyes de especial relevancia, a la cual le agregaron ciertas costumbres a partir de la Carta Magna, y algunas “convenciones”, que son valores respetados universalmente. La Constitución inglesa ha evolucionado pero se mantiene dentro del concepto de un monarca que “reina pero no gobierna”.

Esta idea pasó a los Estados Unidos después de su independencia del dominio inglés, que dio origen a una Constitución escrita aprobada formalmente en 1787 por una asamblea legislativa de origen popular, luego ratificada por los Estados integrantes de la Unión. Al poco tiempo tal concepto fue adoptado por la Resolución Francesa como un instrumento de garantía de los derechos del pueblo frente al poder del monarca absoluto y se extendió al resto de Europa por esa misma razón. De ahí pasó a la América Latina y todos los países recién independizados adoptaron una constitución que los definiera como países libres y soberanos. En el siglo XX el concepto de la Constitución se universalizó y fue adoptado por todas las naciones del mundo para definir su estructura soberana, así como los derechos y las obligaciones de sus ciudadanos.

La Constitución, por lo tanto, se limita a definir la forma de gobierno y la estructura del Estado, los derechos fundamentales de la ciudadanía y, además, en muchos casos como ocurre con el Perú, el régimen económico del país. La Constitución no produce milagros pero sí puede señalar el rumbo correcto sobre su estructura económica, política y social. Una constitución buena como la norteamericana facilita el desarrollo del país y por eso los Estados Unidos sólo ha tenido tiene una con escasas 27 enmiendas en un periodo de cerca de 250 años.

Ello, no obstante, el gobierno de Castillo ha propuesto al Congreso llevar a cabo un Referéndum para elegir una Asamblea Constituyente que reforme la actual Constitución de 1993. Ello con el agregado que tal Asamblea no será de origen popular y estará compuesta por un 40 % de organizaciones políticas que nadie sabe cómo serían, 30% de candidatos independientes, 26 % de pueblos indígenas y 4% de afroperuanos.

Observamos que el gobierno propone un esquema corporativo inspirado en el régimen fascista, que además es la negación de la democracia al establecer divisiones racistas. Se trata, por consiguiente, de un burdo engaño del gobierno de Castillo ante su impotencia para gobernar el país, que el Congreso debe rechazar por su carácter antidemocrático en perjuicio del pueblo peruano.

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