La cultura dominante de las últimas décadas ha sido de izquierda, ese amasijo de estrategias para que el estudiante deconstruya. La deconstrucción pone todo en duda hasta dejar a la sociedad en el vacío y sobre ese vacío se siembra. Supone vaciar de contenido a las instituciones históricas, el matrimonio, el amor, la familia, la religión, el romance en el arte y hasta el lenguaje, a la luz de una nueva forma de lucha de clases, solo que sin obreros.

Ocurre que si la cultura no es diversa y una se impone sobre la otra soterradamente para aplastarla, abrazamos el totalitarismo, que es el de lo políticamente correcto, muy asolapado en cambiar los íconos o modelos de la cultura que busca reemplazar. Es una imposición sutil, no es directa, convierte a personajes que hicieron tu infancia en algo muy distinto. Desde luego no querrás ver a un héroe de tu tiempo mudado en sus formas solo porque así lo dicta una ideología. No se trata de inventar nuevos héroes, Superman puede ganar la pantalla con grandes trenzas y esa no es una innovación, es una cancelación. A la cultura dominante de la izquierda no le viene bien la tradición y disfraza el cambio con un “buenismo” que esconde una permanente línea de aniquilación.

Stalin borraba de las fotos a sus amigos devenidos en enemigos, los cancelaba. Reinventar la historia hoy no admite crítica porque te convierte en un paria desalmado y discriminador; un ciudadano sin ciudadanía porque te cancelan las redes sociales, la gente, los que dominan y nadie vive sin redes sin luego difuminarse en la niebla de la memoria. Cancelar es fusilar.

Desde luego que los que consumen Netflix o Disney u otros, nunca cuestionan nada y no ven lo implícito. Es entretenimiento, no una industria de ideas ni un paradigma global. Eso creemos. Bajo sus pautas se forman los niños de esta generación, esa que diluye los viejos valores y aprende a despreciar lo anterior: la autoridad de los padres, el heroísmo, la primacía de la realidad y hasta el respeto a la edad. “Viejos lesbianos” es una frase idiota, instrumental. No es la que pronunció con más agudeza y visión, González Prada en el Politeama bajo lo insobornable de su intelecto.

El sistema, la cultura, está más a la izquierda de lo que piensas. Y ahora, ¿qué crees que en estos tiempos es ser realmente revolucionario?