¿Cuál es el denominador común, cuál es el factor estructural que explica los procesos de megacorrupción con fondo públicos en los gobiernos de Toledo, de Humala, de PPK y ahora de Vizcarra?
Para responder esa pregunta que busca una explicación más allá de los circunstanciales actores de reparto y devele la estructura de poder a largo plazo de la corrupción, vamos a parafrasear -en clave Lava Jato- al “Manifiesto Comunista” de 1848 escrito por Marx y Engels:
“Un espectro se cierne sobre América Latina, el espectro de la corrupción. A favor de este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja sociedad oligárquica latinoamericana: sus empresas constructoras mercantilistas, la intelectualidad –dizque- progresista caviar, y los medios de comunicación oligopólicos.”
No hay un solo partido de oposición a quien esta jauría no haya diezmado, ni un sólo partido de oposición que no haya recibido en el rostro la acusación estigmatizante de… ¡corruptos!
De este hecho se desprenden dos consecuencias. La primera es que la jauría de la corrupción se encuentra ya reconocida como una real fuerza política en todos los países latinoamericanos.
La segunda, que es ya hora de que los verdaderos luchadores sociales, expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus denuncias, sus señalamientos con pruebas, sus aspiraciones de justicia, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro de la corrupción con un manifiesto a toda la sociedad.
Toda la historia reciente de la sociedad latinoamericana -y particularmente de la peruana- hasta la actualidad, es una historia de lucha de clases, de lucha contra la coalición de la corrupción.
Esa es la explicación estructural que explica desde Toledo, a Vizcarra, desde Humala a PPK, desde la Villarán hasta Gorriti, desde Eliane hasta Nadine. Este es el factor que alinea al establishment oligárquico de cierta prensa con el establishment encubridor de post verdades de la “academia” progresista peruana. La corrupción ha juntado bajo su mano el poder político y el poder simbólico del relato.
Entonces, si lo que tenemos es una estructura de poder corrupta con bases incluso fuera del país en un esquema de dominación neocolonial, para las próximas elecciones del 2021, ¿los ciudadanos cómo podemos identificar a los nuevos títeres de ella?
Es muy sencillo establecer un parteaguas, una frontera, un límite que permita separar la paja del trigo e identificar a los candidatos, líderes de opinión, periodistas y políticos al servicio de la megacorrupción en el Perú.
Sólo se les debe hacer una sencilla pregunta: en el nuevo gobierno elegido en las elecciones del 2021, ¿Odebrecht debe seguir contratando con el Estado? O, por el contrario, deben aplicarse las leyes anticorrupción peruanas y deben indemnizar al país y nunca más volver a tener ningún contrato.
Si estás contra la corrupción en el país, Odebrecht debe irse de inmediato, indemnizando antes al Estado Peruano.
Si, por el contrario, el candidato presidencial, los candidatos al parlamento, el periodista con su columna diaria, el jefe de la ONG, el “historiador” lambiscón y asalariado de turno, buscan justificar la permanencia de Odebrecht en el Perú para que siga contratando con el Estado bajo un sinfín de falaces argumentos, que irán desde el social de “hay que salvar el trabajo de los peruanos…” hasta el simplemente vendido de que Odebrecht “es una empresa honesta y rehabilitada”, pasando por centenares de pseudo argumentos leguleyos… entonces es allí donde tendrás enfrente tuyo a un nuevo servidor de la corrupción en el Perú.
Hagamos de este un tema y pregunta fundamental de campaña en 2021
¡Fuera Odebrecht del Perú!