Finalizamos una semana impresionante donde destaca el gran sopapo que recibió el pueblo peruano por parte del gobierno de Francisco Sagasti, al confirmarse que nuestro país no se encuentra en fila alguna del mundo para obtener cualquiera de las vacunas contra la covid-19.

Sin embargo, en medio de ello resalta otra enorme bofetada –muy similar a un gancho de izquierda condenatorio al knockout– a cargo del gran responsable de esta ausencia cuyo afinado arte de mentir y (peor aún) hacer que muchos le crean, alcanza niveles demenciales. Nos referimos ciertamente a Martín Vizcarra Cornejo.

No hace falta abundar en las decenas de argumentos difundidos por distintos medios que han desbaratado la descarada mitomanía de Vizcarra sobre la materia; en particular, la más elaborada de todas que difunden sus guaripoleras en las redes sociales, atribuyendo al acto de vacancia los retrasos en la compra de las benditas vacunas. Ahora es necesario cambiar el ángulo de observación hacia la capacidad del vizcarrismo para sembrar duda sobre los actos de su líder y transformarlo en un activo seductor del mismo. Eso sí tendrá influencia en el proceso electoral en el que el moqueguano se ha embarcado.

Es penoso verificar que un notable esfuerzo editorial como el ejecutado por Martín Riepl en su obra “Vizcarra: una historia de traición y lealtad” – la más completa vivisección del personaje escrita hasta la fecha– carezca del eco suficiente como para abrir los ojos en torno a la naturaleza taimada, fría y desconfiada de quien fuera uno de nuestros tres mandatarios accidentales del último quinquenio. Lo comparo con el libro “Amado: la verdadera historia de Boudou” del periodista argentino Federico Mayol, cuyo impacto en la cultura popular del país gaucho fue determinante para llevar a la cárcel al favorito de la ex presidenta Cristina Fernández. Por el contrario, Vizcarra pareciera favorecido por cada información precisa que dibuje sus desaguisados.

Hay entonces un fenómeno comunicacional que invierte valores y perspectivas morales cuando se trata de Vizcarra. Primero, por haberse constituido desde el mando supremo en el enemigo de los enemigos de quienes son los grandes articuladores del poder fáctico nacional (políticos emergentes, capitalistas periféricos y desplazados, ONG, periodistas activistas, dinosaurios de la izquierda, etc.). Segundo, por abrirles a estos las puertas del aparato público y permitirles hacer gotear su propia agenda. Tercero, por hacer suya la narrativa de esos grandes articuladores en torno a las desgracias nacionales. Y así podríamos continuar ad infinitum.

Vizcarra ha sido transformado en una versión chicha del Príncipe por muchos maquiavelos criollos. El prototipo ideal de cómo llegar al poder y mantenerse en su esfera a base de ardides, mentiras, ocultamientos y traiciones. Pero siempre aparentando más bien ser la víctima de todo ello.