La movida del rock subterráneo en el Perú, en los convulsos años ochenta, fue el detonante de la irrupción de muchas bandas de rock que unieron su voz estentórea, la disonancia, el vitalismo y la rebeldía juvenil, con la creatividad y con mensajes de legítima insurgencia cultural. Si se tuviera que escoger dos bandas icónicas de la época, sin duda, estas serían Narcosis y Leuzemia. Pero fue Narcosis el equivalente nacional, si es válido el símil, con los Sex Pistols del punk anglosajón. Toda la rabia cabía en su primera maqueta (así se llamaba un casete de grabación lo-fi, bajo el principio “hazlo tú mismo”), intitulada Primera dosis: una colección emblemática del rock subte. En los decibeles altos y el tono confrontacional de las letras, Narcosis halló una manera de expresar la disidencia que supo conectar con una generación, con canciones como “Destruir”, “Sucio policía verde” y “Excusas”. Quintaesencia del inconformismo y la necesidad de autoexpresión anarquista para constituir una identidad alternativa a la diseñada por el statu quo. Como se escucha en “Represión”: “Ni lo que dices ni lo que haces viene realmente de ti/ estás rodeado por las barreras que estancan tu mente/ está todo cubierto por las etiquetas de tu conformismo”.
El apogeo de Narcosis duró apenas dos años, entre 1984 y 1986, y luego sus integrantes tomaron rumbos diversos. Luis “Wicho” García reculó en la banda de acompañamiento de Miki González y luego se volvió el cantante de la banda de rock para adolescentes “indie” Mar de Copas. Jorge “Pelo” Madueño continuó en la senda subte con Eructo Maldonado, formó la Liga del Sueño en clave electro-pop, y finalmente se decidió por el pop rock como solista. Ambos, de alguna manera, supieron remontar la precariedad y el cuasi anonimato que prevaleció entre las bandas de rock contestatario que surgieron en esa década violenta. No fue el caso de Fernando “Cachorro” Vial. Si Narcosis fueron los Sex Pistols del Perú (Los Saicos fueron protopunks musicalmente pero su actitud pertenece a otra época), “Cachorro” fue nuestro “Syd” Vicious. Luego de Narcosis, permaneció coherente con su línea musical, en Autopsia, Feudales y Espirales. Fue editor del fanzine Pasajeros del Horror, y coleccionista de discos “caleta” y de garage rock (“Quiero ser tu perro” de Narcosis era copia casi fiel del cover que Parálisis Permanente hizo de la canción de los Stooges, bandas a las que “Cachorro” admiraba). Su partida, que ha conmovido a toda una generación, simboliza el ocaso de la insurgencia musical del rock subterráneo.