El odiador “discriminado”

El odiador “discriminado”

Pedro Castillo juega a la víctima mientras esparce odio con un discurso peligrosamente antidemocrático. Cuando dice, como lo hizo en Apurímac, “Somos más serranos que la papa y por eso cuando un compañero del campo hoy pisa y gobierna nos discriminan”, no solo miente sino que incita a la división y lucha entre peruanos. Los engaños que salen de la boca de este individuo no son casuales, sino propias de alguien que apuesta por la lucha de clases, por un alzamiento violento gestado en el campo contra la ciudad, es decir la misma insania de Sendero Luminoso inspirada en la revolución maoísta.

La democracia funciona cuando los ciudadanos participan. La democracia cobra sentido cuando el discurso sirve para unificar la pluralidad y la diversidad de sentires, ideas y pareceres, favoreciendo una convivencia pacífica. La democracia sobrevive y se fortalece al generar sentimiento de pertenencia a una sociedad que nos es común a todos. Castillo ataca todo eso, polariza y divide: “serranos”-costeños; “el pueblo”-partidos políticos; “pobres”-ricos; “agricultores”-empresarios y así ad infinitum. Y con eso golpea directamente el ‘nosotros’ que es la piedra angular de toda sociedad civilizada y democrática. Castillo dice que es “discriminado”, pero quien excluye en el hablar y en la práctica es él cuando, por ejemplo, impide colaborar con su gobierno a quienes no son de su círculo: chotano, magisterial, sindicalista, andino, seudocomunista y etc. Pese a que eso afecta a su gestión y aumenta el rechazo de la población.

En menos de un año ha dilapidado casi todo su capital político y fracasado en todo. Es un gobernante fallido que promete un Perú inviable. Es una amenaza para la democracia, una bomba de tiempo que reventará, antes que después, la ya anémica economía nacional. Pensó equivocadamente que gobernar era igual que encabezar a unos maestros huelguistas, como lo hizo en 2017. Se acostumbró a mentarle la madre al gobierno y al poder, desde afuera, y ahora sobre el caballo no tiene idea de cómo espuelear. Este señor no tiene la pasta ni las ganas de dirigir los destinos de 33 millones de personas guiado por la noción del Bien Común. Para eso debe respetar a quienes no comulgan con sus ideas, amén de voluntad de trabajo y de aprendizaje, promover las libertades y obedecer las sentencias de las instancias nacionales (como la del Tribunal Constitucional devolviéndole el indulto al presidente Alberto Fujimori).

Vivimos una democracia defectuosa, con una creciente fragmentación parlamentaria y ausencia de liderazgos. Mientras tanto, aumentan los conflictos sociales y los escándalos de corrupción (plagio de tesis, fraude electoral, licitaciones pactadas, etc.) son diarios y enervan a la población, distrayendo a los medios y al propio gobierno de los problemas de fondo que aquejan a nuestro país.

El discriminado es el Perú, por los odios de Castillo.

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