Felizmente, con el transcurrir de los días, ha quedado claro que la sorpresiva negación del voto de confianza al Gabinete Pedro Cateriano por parte del Congreso se debió a una suma de inconsistencias en la relación entre el flamante premier y ese poder del Estado. Que no era cierta la hipótesis limitada al supuesto ensayo de extorsión practicado por el titular del Parlamento, Manuel Merino, a quien se le atribuyó pedir la cabeza del ministro de Educación a cambio del endose de esa confianza (como dijo el mismo Merino, no hay forma que hubiera podido ser personero de fracciones tan disímiles). Que, en consecuencia, lo del “puro chantaje” solo deberá esgrimirse cuando nos refiramos a la muy sensual canción de Shakira y Maluma.

Y digo que el portazo a Cateriano fue sorpresivo porque la gran mayoría de seguidores del acontecer político auguramos un resultado favorable al mismo, calculando incluso las chilindrinadas de los grupos representados en el Legislativo. Creímos equívocamente que más allá de las peroratas encendidas, los discursos a las cámaras de TV, los reclamos subidos de tono, primaría el espíritu sedado de la unidad nacional frente a la pandemia y la plena conciencia que a un gobierno de salida no es ético ni práctico meterle un cabe, salvo circunstancias muy graves. Coincido con Sol Carreño en que si el Ejecutivo no puede disolver el Congreso el último año de su mandato, éste tampoco debería tener a su libre albedrío la capacidad de censura o negación de confianza a los ministros. Tema por debatir. constitucional.

No me extenderé en otras consideraciones ya expresadas desde el martes 4 que explican la brevedad ministerial de Cateriano. Solo llamo la atención sobre un punto también por estudiarse: si en realidad fue castigado severamente por ciertos grupos debido a su prédica pro minera o más bien a sus gruesos epítetos contra la minería ilegal. Recuérdese que muchos representantes en los últimos congresos recibieron jugosos estipendios de esta actividad para sus campañas.

Por lo sui géneris que resulta el actual legislativo, no es posible presagiar a raja tabla si el gabinete encabezado por el general EP Walter Martos recibirá el beneplácito para implementar su programa de gobierno. Se cruzan muchas agendas haciendo presumible el desarrollo de un imperio anárquico en el devenir político del país. El factor electoral conspira incluso contra la carta ecuménica del presidente Martín Vizcarra bautizada demagógicamente como “Pacto Perú”.

Vizcarra no tiene margen ya para semejarse a San Martín de Porres. Hay unidad tácita entre los peruanos para preservar la escasa institucionalidad. Más bien crece la devoción por el encono y la controversia, las terribles ganas de hacer puré a los adversarios. Es el único pacto que se avizora en el horizonte.