Este Perú contemporáneo –del que se han apropiado las mafias del progre marxismo caviar- se ha convertido en el país de la extorsión. Desde la más pintada autoridad al más poderoso empresario, pasando por políticos, emprendedores, periodistas, etc. El chantaje no respeta rangos ni fortunas. Apunta a su víctima y la acorrala hasta hacerle rendir. Es más. El propio Estado se ha convertido en chantajista profesional, utilizando a los fiscales. Ejemplos claros son José Pérez y Rafael Barba. Extorsionan a quienes necesiten sacarle alguna confesión, inclusive falsa, que impute a la víctima perseguida por el poder. La someten encarcelándola bajo el coercitivo instrumento de la detención provisional a fin de que, agobiada por la vida en una mazmorra, declare lo que le pida el fiscal a cambio de obtener su libertad. Es más, hay casos escandalosos de chantaje provenientes de la cúpula del poder. Como ocurre con la ex secretaria del presidente Vizcarra, quien acaba de ser amedrentada nada menos que por la fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, mediante carta demandándole retirar una declaración a través de la cual ésta alega que su ex jefe había “gestionado” el presupuesto del Ministerio Público “con la Fiscal de la Nación”.

Al respecto, según esta ex secretaria de Vizcarra el fiscal Pérez conoció al actual presidente en Moquegua, “mientras investigaba las denuncias contra el entonces gobernador (Martín Vizcarra)” sobre irregularidades en la represa Chirimayuni. “Pérez coordinaba con Rosemary Silva Acevedo” (concuñada de Martín Vizcarra) incluso el presupuesto de la Fiscalía”.” Preguntamos entonces: ¿Acaso ese apresurado retorno a Lima de Vizcarra –dejando plantada una visita oficial a Brasil, que justificó diciendo “no puedo permitir que el fiscal de la Nación (Chávarry) saque al fiscal Pérez del equipo Lava Jato”- fue consecuencia de un chantaje del fiscal Pérez al presidente Vizcarra a modo de quid por quo: archivo las investigaciones en Moquegua, pero me sacas de encima a este Chávarry? Recordemos que poco tiempo después Chávarry fue vacado del cargo, tras una implacable campaña desplegada por ese clan mediático que respalda a Vizcarra.

Los peruanos vivimos tiempos revueltos por culpa de la corrupción. Tenemos a tres ex presidentes procesados por esta lacra. Uno con prisión domiciliaria, otro en vías de ser extraditado y al tercero lo libran sus vínculos con la izquierda criolla, operadora de esta red de chantajes usando al Poder Judicial y la Fiscalía como instrumentos coercitivos. Por cierto, Vizcarra se apresta a ser el cuarto mandatario encarcelado el mismísimo 28 de julio 2021. Sin embargo, aprovechando el pánico por la sensibilidad ciudadana ante tantos hechos de corrupción, el poder fáctico que manipulan los progre-marxistas en connivencia con la prensa venal –liderada por República, RPP y Comercio, más sus subsidiarias- ha creado una nueva Inquisición. Esta vez no basada en la religión, sino en la ideología políticamente correcta del comunismo trajeado de socialismo moderno.

Avanzamos a pasos agigantados al precipicio del caos social, la crisis económica y la abolición de los derechos universales. Cortesía de esa elite socioeconómica que sigue respaldando a este régimen fallido.