El Papa y la cuestión palestina

El Papa y la cuestión palestina

El papa Francisco ha vuelto a llamar a que cesen definitivamente las guerras en el mundo, refiriéndose con especial atención a la guerra entre Israel y el Hamás que controla la Franja de Gaza, y lo hizo en el marco del día de la Navidad en la Plaza de San Pedro. Primero miremos su preocupación por las guerras en general. ¿Será posible que acaben los conflictos en el mundo o estamos condenados a vivir con ellos para siempre? El hombre es el responsable de la paz y cuando flaquea se producen las guerras. Conseguir la paz ha sido una tarea muy ardua para la sociedad internacional que más bien ha vivido dominada por las guerras a lo largo de la historia. El final de las dos guerras mundiales confirmó la lucha permanente de la humanidad por vivir en un mundo de paz. De hecho, luego de la guerra de 1939, y una vez que fuera creada la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, la tarea del mayor foro político del planeta y de sus Estados miembros, fue mantener la paz, es decir, bregar para evitar las guerras; eso hizo que se superpusiera el principio de solución pacífica de las controversias, es decir, que los problemas deben arreglarse por la vía de la paz y no por métodos violentos. Eso es lo que ha dicho Francisco al pedir una solución permanente para lo que ha llamado la Cuestión Palestina.

En el mundo del derecho internacional contemporáneo, la guerra está proscrita como método para conseguir la paz, por lo que se ha vuelto un imperativo categórico de cumplimiento obligatorio el denominado arreglo pacífico, adquiriendo la dimensión de norma de ius cogens o imperativa. El Papa invoca a la paz como líder religioso –para los católicos es el representante de Cristo en el mundo–, pero exige la paz como jefe de Estado, es decir, pide la paz desde una conceptualización espiritual, pero llama al cumplimiento de conductas hacia la paz desde el derecho internacional. Pero para conseguir la paz es importante que las partes en el conflicto la quieran, de lo contrario será en vano. Para acabar las guerras debe haber voluntad política y lamentablemente parece que no existe disposición para acabarla en la guerra en el Medio Oriente. Normalmente las partes en el conflicto suelen adoptar una postura maximalista que les impide retroceder creyendo que por hacerlo están perdiendo y eso no es así.

Cuando se negocia la paz muchas veces deben aprender a ceder estratégicamente, pero de buena fe. La negociación exige capacidad para asimilar resultados, a veces aparentemente adversos. Cuando se negocia debe mirarse en prospectiva su resultado y solamente en ese escenario cobra vida constructivamente una valoración objetiva de la negociación. Francisco cree que la Cuestión Palestina debe abordarse desde una negociación abierta y profunda entre Israel y Palestina –que es mucho más que Hamás– y también lo creo. Las posiciones recalcitrantes que suelen haber hacia adentro de ambas partes, no permiten dar paso a la etapa de la negociación. Los argumentos son diversos, pero será necesario que lo crean indispensable, de lo contrario, todo seguirá siendo resta. Ambos pueblos, el israelí y el palestino, lo exigen y lo merecen. Mientras tanto, la comunidad internacional no puede estar de brazos cruzados; al contrario, deberá asumir un papel activo de primer orden. Cuando hay voluntad se puede alcanzar las estrellas, cuando no la hay para llegar a ellas, se sostiene todo el tiempo que es imposible. Para la cuestión palestina, como la llamaba el Santo Padre, todo dependerá de cómo se mire el problema.

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