Esta semana fue crucial para definir nuevas reglas de juego entre Estado y sector privado, en el marco de una profunda y necesaria reforma del sector Salud, donde paciente y calidad de servicio serán puestos a prueba en todo ámbito de acción.

El papelón de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú (ACP) en ese torpe proceso de negociación que tuvo con el Seguro Integral de Salud y el Seguro Social de Salud fue un paso importante en este proceso. El acuerdo sobre el costo del tratamiento Covid se convierte así en un hito histórico, sin precedentes, que sin duda definirá el futuro del intercambio prestacional entre sistemas y subsistemas de salud en el país.

Lo más interesante es que se destraba un proceso que llevaba décadas encarpetado, debido a lobbies e intereses particulares que se resistían -con uñas y dientes- a ponerle foco al ciudadano. Tal vez por ello el episodio de la negociación forzada ocurrida la semana pasada resultó algo traumático para un grupo empresarial, pero no para la mayoría, que está lista para competir en condiciones de un mercado altamente regulado, porque es necesario que así midamos los estándares de un servicio donde lo que está en juego es la vida de los peruanos. ¿Por qué ocurre con servicios básicos como agua y luz, y no con Salud y Educación? Ambos son derechos humanos. ¿Por qué no convertir alianzas público-privadas en el gran objetivo? Sería mejor que proteger oligopolios privados de baja cobertura o sistemas estatales monopólicos ineficientes.

Pero volvamos al papelón de los privados. ¿Nadie pudo advertirles que su mala reputación les impedía patear el tablero de negociación en estas circunstancias? Sin duda, fue la soberbia de su inepto vocero la que provocó una simbólica señora patada en la cara del mismísimo presidente de la República. El exabrupto de Vizcarra, por cierto, casi elevó el debate a dimensiones constitucionales, cuando bastaba visibilizar la poca vergüenza de los privados por detener los acuerdos en un punto tan absurdo como sus niveles de ganancia, mientras se perdían vidas en el cuarto intermedio. Afortunadamente, las aguas volvieron a nivel. La plana mayor del empresariado advirtió que la amenaza del Congreso podía resultar peor que la enfermedad.

Toca llevar ahora esta Mesa de Diálogo a otro nivel. Uno que logre la completa integración del sistema público nacional. Uno que haga realidad el intercambio prestacional entre los subsistemas públicos de prestaciones: Ministerio de Salud, Gobiernos Regionales, EsSalud, Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales. ¿Qué estamos esperando?