Hace unos días vi un reportaje en la televisión, donde el reportero le hacía algunas preguntas a jóvenes candidatos al Congreso, sin que estos puedan contestar adecuadamente sobre el funcionamiento y organización de ese Poder del Estado. Si bien el objetivo del reportaje era obvio, el desconocimiento del funcionamiento de una de las instituciones pilares del país, trasciende a todos los sectores sociales de la población incluyendo a los académicos.

Llegar al Congreso como parlamentario debe ser el término de una carrera política y no el principio de ella. Muchos candidatos al Parlamento, son empresarios de éxito, pero la lógica con las cuales crearon y administran sus empresas, no es la misma lógica que se usa para ser un parlamentario de éxito.

Antiguamente, los parlamentarios provenían de partidos políticos-escuelas, donde al joven militante se le capacitaba en aspectos ideológicos, políticos y también sobre el conocimiento de las ciencias sociales. De forma que un militante con el transcurrir de los años, participaba en elecciones internas para ocupar cargos en sus partidos, y luego participaba en elecciones para cargos externos como regidores y alcaldes. Con los años ese militante continuaba su carrera política, asumiendo el cargo de diputado o senador.

Es decir, el militante llegaba al Congreso luego de hacer una carrera política.  Luego de la crisis de los partidos políticos y su casi desaparición, con aplaudidas excepciones, los partidos políticos dejaron de ser escuelas abriendo un espacio, para que las universidades e institutos hagan lo que los partidos políticos dejaron de hacer; escuelas de la política.

Hoy los aspirantes al Congreso, en un gran número, jamás han pisado un partido político, salvo para postular en una elección y piensan que con mucha publicidad pueden ocupar una curul y ser un parlamentario de éxito.

El modelo de un parlamentario exitoso no existe. Muchos se inventan modelos y hacen creer a los que no saben que un parlamentario de éxito debe presentar muchos proyectos de ley, hablar todo el tiempo, trabajar como una máquina y también que ni siquiera deben cobrar un sueldo. En mi opinión, un parlamentario de éxito es aquél que sabe hacer política y sabe conseguir acuerdos entre los diversos partidos políticos para que el Parlamento siga funcionando. La política como arte no siempre es visible; la luna tiene dos caras pero sólo vemos una de ellas, la otra cara está oculta, no se ve pero existe.