El peligro del negacionismo

El peligro del negacionismo

El negacionismo es una corriente que pretende justificar o enaltecer acciones u obras que estuvieron muy lejos de ser heroicas y que tampoco respondieron a fines nobles o solidarios. Mediante ella se aspira a desnaturalizar las evidencias que apoyan el real desarrollo de los acontecimientos para alterar, modificar o reescribir la historia, aun cuando acepta que existen determinados hechos que no se pueden negar. En el caso de la construcción de la memoria colectiva, pretende establecer ilegítimamente que los hechos no ocurrieron tal como se vivieron.

A través de la historia, el llamado “negacionismo del Holocausto” fue uno de los que adquirió la mayor relevancia por su pretensión de reescribir la historia del genocidio nazi. Así, aplicando una “reinterpretación” de lo sucedido, trató de cuestionar o negar el asesinato masivo del pueblo judío y de otros grupos étnicos. Los “argumentos” que expuso fueron de diversa índole: inexistencia de campos de exterminio en Auschwitz, evidencia documental “falsificada”, la mayoría de los judíos sobrevivieron a la guerra porque lograron emigrar, las confesiones de los testigos no eran válidas, etc. Uno de los más conocidos escritores revisionistas, el británico David Irving, llegó a sostener la tesis de que Hitler “fue víctima de sus subordinados” y que no se le podía reprochar nada “por hechos que desconocía”. Sus afirmaciones pueden ser consideradas como uno de los muchos intentos por cambiar el registro histórico.

El negacionismo en el Perú no está tipificado penalmente, si bien se elaboró un proyecto de ley con dicho propósito en el año 2012. Por el contrario, sí es punible la apología o enaltecimiento del terrorismo, punibilidad que constituye un límite legítimo a la libertad de expresión y se impone como una de sus restricciones excepcionales. En este contexto, no se debe ni se puede permitir la alabanza a actos contrarios a los de una sociedad democrática y tolerante.

El negacionismo perturba la memoria colectiva, que impone el deber de registrar acontecimientos que marcaron una época en la historia de un país y que son identificados como injustificables con la esperanza de que no se vuelvan a repetir. En el caso de las violaciones de derechos humanos, el negacionismo afecta la garantía de no repetición desarrollada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es decir, que el Estado tome nota y registre tales hechos que implicaron excesos o desvíos de poder. Evitar esta situación implica tomar registro y establecer en la memoria histórica la insania de los grupos terroristas que, como en el caso peruano, nos encaminaron a un momento oscuro de nuestra historia: pérdida de vidas humanas, desintegración de familias, destrucción de instalaciones públicas y privadas y un permanente estado de zozobra entre la población.

El fallecimiento y posterior incineración del cadáver de Abimael Guzmán Reynoso, exlíder de la organización terrorista Sendero Luminoso, debería cerrar una etapa y abrir otra nueva en el Perú. Una etapa en la que podamos recapacitar de que la violencia no es un medio para establecer cambios o defender ideas. Cualquier expresión o conducta que implique negar, minimizar, aprobar o justificar todo lo negativo y funesto que fue el accionar terrorista en el desarrollo de nuestro país es inaceptable, principalmente por la memoria de sus víctimas.

La criminalización del negacionismo es una alternativa, pero socialmente podemos combatirlo a través de la exposición permanente de los acontecimientos tal y como sucedieron. Una exposición cuyo contenido debe ser ineludible para la formación educativa de las futuras generaciones. Para esta tarea es necesario revisar qué se enseña y cuánto de ello se enseña en los cursos de ciencias sociales de nuestros colegios y universidades.

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