Acontecimientos recientes demuestran que la coalición que se constituyó alrededor de Martín Vizcarra en 2018 sigue actuando. Aunque no pudieron impedir la destitución del Lagarto, se apuntaron un enorme éxito al derrocar a Manuel Merino e imponer a Francisco Sagasti, partícipe de ese conglomerado y más estrechamente vinculado a las izquierdas.

Las consecuencias se están evidenciando ahora, cuando el Gobierno está apoyando cada vez más descaradamente a Pedro Castillo y la coalición se está movilizando en conjunto para tratar de consumar el fraude e imponer una dictadura chavista.

Al unísono todos tratan de desacreditar los fundamentados reclamos que los demócratas –ya no se trata de Fuerza Popular- están interponiendo ante los organismos electorales: medios de comunicación, políticos, ONG y el propio Gobierno. Al mismo tiempo intentan adormecer a la opinión pública con la supuesta moderación de Pedro Castillo, que de ser un instrumento de Sendero Luminoso de Abimael Guzmán (Movadef) y de los agentes de Cuba y Venezuela encabezados por Vladimir Cerrón, sería ahora una suerte de cordero socialdemócrata.

La coalición también está interviniendo para tratar de arrimar a un costado al mandamás de Perú Libre y llenar su lugar con gente igualmente izquierdista pero más allegada al Gobierno. La operación contra la gavilla de Cerrón en Junín debió realizarse antes de las elecciones, pero eso hubiera perjudicado al candidato Castillo. Entonces la fiscalía –que ellos controlan- en complicidad con el Gobierno morado la retrasaron. De esa manera no perjudicaron a su candidato y ahora intentan arrinconar a Cerrón.

Algunos cándidos creen que eso moderará a Castillo. Es, por supuesto, una ilusión. No solo porque los izquierdistas que se están subiendo al carro son también adoradores del socialismo del siglo XXI, sino porque las expectativas que han desatado en el núcleo duro de sus seguidores no se van a apaciguar si se hacen del Gobierno. Al contrario, se van a agudizar.

Es ridículo creer en las traducciones que ensaya el advenedizo que funge de vocero económico de Castillo ahora, como por ejemplo que la segunda reforma agraria que han prometido consiste en construir caminos y canales. Si capturan el Gobierno se van a sentir con derecho a invadir propiedades y, por supuesto, un hipotético presidente Castillo no lo impediría.

Todos ellos coinciden en imponer una asamblea constituyente para cambiar el régimen económico y político. Si toman el poder lo van a hacer de todas maneras. Y para eso tendrían que arrasar con el régimen vigente, que no considera esa posibilidad. A partir de allí se abren las compuertas para instaurar una dictadura chavista, porque obviamente no se van a detener en cambios cosméticos.

Y, naturalmente, una de las primeras cosas que harían sería tomar el control total de la Policía Nacional para politizarla y usarla como instrumento de su dictadura. Después le seguirían las Fuerzas Armadas.

No hay duda alguna de la naturaleza de la amenaza. Hay que impedirla.

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