Siempre han existido actos delictivos, hechos penados que en función y magnitud de los acontecimientos estremecen a un ciudadano común y corriente y de acuerdo a la sensibilidad del ser humano, como persona pensante, sin embargo, hay un filón muy apetecido por los medios de comunicación social, cual es el sensacionalismo, el “rating”, en mayor audiencia o lectoría, “eso es lo que le gusta a la gente” -dicen- lo pecaminoso, lo morboso, la desgracia ajena, la tragedia, por lo tanto hay una responsabilidad ética de los periodistas, así como de los dueños de los medios.

Los medios de comunicación social tienen que cumplir su verdadero rol de informar, comunicar, transmitir sin ensalzar. Mientras los responsables de los medios y los periodistas no endiosen a esta gente seguiremos con esta pesadilla diaria. Una manera de elevarse sobre este peligroso oleaje de falta de ética es prevalecer intachable y tender hacia lo trascendente, hacia valores como la Verdad y el Bien, cuya base se afinca en la Razón y en la Libertad, valores de excelencia porque están ínsitos en los actos humanos que se ciñen a la Moral como valor óptimo en lo individual y a la Ética en lo que atañe a la conducta profesional de cada periodista.

La Moral asegura un infalible juicio de conciencia como capacidad de albedrío para reflexionar y elegir entre lo bueno o lo malo en relación consigo mismo y con el prójimo.

La Ética, aplicada al periodismo sin separarla de su alta calidad orientadora como norma general para todo actuar individual y social, se reduce a la gran simplicidad lógica del deber ser. El deber ser representa una auténtica libertad. El hombre que hace lo que debe y no sólo lo que quiere, es un hombre realmente libre porque además actúa conforme a su recta razón, la cual no se opone a la libertad. Por eso la Moral conduce hacia el Bien; la Ética es la ruta recta hacia lo debido.

La profesión de periodista es en esencia una acción libre y responsable, destinada a ser un modo selecto de servir a la sociedad. Lamentablemente diversas circunstancias se anteponen al deber ser y prima lo utilitario. Pero lo utilitario no es un fin; es un medio regulado igualmente por la Ética, que sirve al hombre para vivir con decoro y sin menoscabar su importante rol como ser social. La realidad y la experiencia enseñan que la Ética es la regla de mayor garantía, tanto para el periodismo como para sus destinatarios.

Estamos seguros que la competitividad, como concepto económico llevado a la práctica en las empresas del sector, debe de funcionar éticamente por la calidad del material periodístico, por la seriedad del medio y la idoneidad de su personal, así como por la honestidad del mensaje. Por eso la noticia es un bien público más que un factor de valor económico. Debe valer por sí misma; no tiene equivalencia comercial.