Jorge Muñoz tiene talante político. Se desempeña con soltura -quizá debería relajarse un tanto, mostrándose menos circunspecto- y, de manera ejemplar viene cumpliendo, una por una, las etapas elementales para comprender la realidad nacional, aprendiendo desde esa poderosa cátedra municipal, magisterio que se nutre directamente de las necesidades, de las aspiraciones y de demandas que tienen los ciudadanos. Al final del día, es a quienes se deben los políticos. Como alcalde de Miraflores Muñoz desempeñó muy buena gestión. Como burgomaestre de la capital, todavía deja mucho que desear. Sin embargo, mantiene una voluntad expectante que esperamos le permita superar sus carencias iniciales. De todas maneras, Muñoz es de los poquísimos políticos de la nueva generación que entiende cómo se hacen las cosas, y que sabe que la improvisación es el camino seguro hacia el fracaso personal. Mucho más grave aún, hacia la degradación de las sociedades. Y por último, causante de las crisis que destruyen la democracia.

Si decimos que la actuación de Muñoz -como alcalde de la capital- hasta ahora deja mucho que desear, es porque resulta casi imperceptible lo que ha hecho por los limeños, quienes viven atormentados entre un servicio de transporte público incluso indigno para inhumanos. y una inseguridad ciudadana que puede estar entre las más violentas del planeta. Pese a ello, no hemos notado intento alguno de la Municipalidad Metropolitana por subsanar semejante atentado contra su comunidad. Sin embargo, al alcalde Muñoz se le ha visto, más bien, muy activo en la politiquería urbana, fungiendo muchas veces de parachoques del golpista, mitómano, incapaz -fuera de investigado por corrupción- Martín Vizcarra. Incluso se sumó al bastardo pedido de renuncia de su entonces colega Manuel Merino. Algo verdaderamente incomprensible en una persona que, hasta ese momento, había mostrado clara ponderación y enorme sagacidad para distanciarse de aquellos que, precisamente, destruyen la actividad política con su desempeño falsario. En este orden de ideas Muñoz debería explicar -con la debida altura de miras y, sobre todo, la verdad en sus palabras- las razones de esa súbita efusión por y afabilidad hacia un impresentable como Vizcarra.

Este deslinde es indispensable si Muñoz quiere llegar a consolidarse como el político confiable, capaz y arraigado que tanto necesita nuestra sociedad, a cuya formación ya viene dedicándole tantos años de ejemplar entrega.
“Creo que es necesario poner exigencias. En las empresas privadas se exigen muchas cosas, con lógica, para asignar los puestos. Y el puesto de presidente de la República tiene grandísimas responsabilidades (…) Hay que ser exigentes en ese sentido. Vemos a algunas personas (candidatos) que no necesariamente están a la altura.” Palabras suyas, alcalde Muñoz, plasmadas en una trascendente entrevista publicada ayer por EXPRESO. Asimismo, merecen destacarse estos términos suyos hacia quienes aspiran a la presidencia, menospreciando sus compromisos. “Me preguntaron (en una ocasión anterior) si me parecía bien que un alcalde deje su mandato a mitad de camino (en alusión a George Forsyth, ex burgomaestre de la Victoria). Yo dije, en lo personal creo que no”. Continúe consolidándose, alcalde Muñoz. El Perú lo espera