Jorge Basadre decía: “Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir… quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata”. Esto parece ser lo que hoy ocurre desde una de las dos perspectivas que han quedado en esta segunda vuelta.

La segunda vuelta presidencial en el Perú nos plantea una pregunta fundamental: ¿Cuáles son los intereses del inmenso y mayoritario mundo popular peruano? y –sobre esa base- ¿Cuál es la principal amenaza a ese Perú popular?

Para responder a estas dos preguntas, seleccionemos los dos sectores económicos más pobres de nuestro país. Por un lado, el campesinado de altura donde se encuentran las familias con los mayores indicadores de pobreza del país; y por el otro, los micro emprendedores migrantes-urbanos que rodean socialmente nuestras ciudades donde el micro-comercio y la lucha personal contra la pobreza se dan la mano cotidianamente.

Las comunidades campesinas de altura siembran, cosechan, forman asociaciones, constituyen cooperativas y cada domingo los Andes peruanos ven una maravillosa movilización popular económica para hacer libre comercio en centenares de ferias. Compran y venden sus productos libremente, sin control de precios ni la corrupta presencia de burócratas dorados. En los años 80 las principales víctimas de Sendero Luminoso fueron las familias campesinas pobres. Indefensos, fueron muertos a pedradas, hachazos, dinamita o hasta fusilados.

Por el otro lado, la economía urbana del país es abrumadoramente emprendedora. Mal llamada “informal”, su producción y comercio es la verdadera normalidad económica del país. Desde la madrugada, todos los días cientos de miles de familias comerciantes producen, compran y venden sus productos en mercados populares y micro talleres. El componente importado de sus mercaderías es el mayor, lo que les permite bajar costos hasta el asombro. Con el tiempo, muchos siguen creciendo e incluso exportan prendas de vestir, autopartes o productos agropecuarios. Son la nueva burguesía popular emergente. La subida del dólar por la expulsión de la inversión privada, la prohibición de importaciones y la estatización de empresas, romperá el espinazo al crecimiento económico y social de los emprendedores del Perú popular. El modelo venezolano del chavismo sólo premiará a los que hagan “negocios” con el Estado, previo chantaje y pago de coimas a los familiares de los políticos en el poder. De un plumazo se destruirá la inmensa capacidad de competitividad y productividad del mundo económico popular urbano del país.

En los últimos 30 años, la pobreza descendió de 58% a 28%. Es claro entonces que los principales enemigos del Perú popular, del emprendimiento popular, de los negocios que cientos de miles de familias realizan cada día en los Andes y en las ciudades del Perú son dos: a) el Senderismo revivido de los años 80, y b) el modelo económico de hambre, pobreza y corrupción del chavismo, que ha destruido Venezuela hasta límites demenciales (más del 90% vive en situaciones de pobreza).

Paradójicamente, en la segunda vuelta ambos fantasmas se han fusionado. El senderismo y el chavismo. El Sr. Castillo es su rostro unitario hoy, aunque vale la pena decirlo a nivel individual es simplemente un títere, un instrumento, de esos intereses oscuros y antipopulares. Dan cuenta de esta realidad Bermejo y Cerrón, dos ultras con amplia prédica de fascinación hacia las dictaduras bolivarianas e indulgencia cómplice con las huestes de Abimael Guzmán.

No pasarán. Las miles de familias campesinas y emprendedoras los van a enfrentar y vencer nuevamente. El #Sendero-Chavismo será derrotado por los más pobres del Perú. Y todos tenemos que colaborar con ello.

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