Con la evolución de la Humanidad, las formas de dominio han ido modificándose hasta constituirse en complejos sistemas que integran el poder del dinero y la especulación con el activismo de la izquierda radical, para construir un programa ideologizado de cómo se debe pensar y actuar en una sociedad “correcta”. Las antiguas formas de dominio cultural están en retirada, pues las Iglesias apenas tratan de asegurar su supervivencia ante la amenaza de la gran conspiración que vio llegar Joseph Ratzinger, y el sistema democrático que Estados Unidos difundió en el mundo ha sido neutralizado, pues el fracaso de la Primavera Árabe demostró que la democracia necesita de clases medias propietarias, cultura política de tolerancia, y los valores que se aprenden con la familia y la escuela.

Hoy está de moda una nueva visión ideológica de la vida en sociedad. A partir de legítimas aspiraciones como la igualdad de oportunidades y no discriminación para la mujer y minorías sexuales, el marxismo gramsciano ha sabido reavivar la teoría del enfrentamiento permanente para ejercer dominio excluyente. Como los fascistas y comunistas en el siglo XX, la nueva ideología tiene vocación de dominio absoluto, su intención es la de eliminar toda disidencia, y para ello necesita entrar en la escuela primaria, en la Universidad y en la administración de Justicia, castigando con el desprestigio, el despido laboral, e incluso la cárcel, a quien se niegue a recitar el nuevo catecismo o permanecer en silencio.

La prestigiosa revista norteamericana Time, de esmerada tendencia izquierdista, acaba de publicar un artículo histórico: The Secret History of the Shadow Campaign That Save the 2020 Election. En él, se explica cómo se aliaron las grandes empresas mercantilistas y multinacionales tecnológicas con Parenthood y violentos grupos radicales, para implementar una estrategia destinada a “salvar la elección”, cambiando la legislación electoral de los estados, censurando la información que llega al elector, y provocando violentos disturbios. Ese nivel de conspiración, expuesto con orgullo, expone una realidad preocupante: esas organizaciones están dispuestas a todo con tal de imponer su ideología y asegurar el triunfo total de sus intereses. Este año fue contra el impresentable Trump y la mitad de los electores norteamericanos, pero la idea que emerge de este hecho histórico es que el Poder cree que el ciudadano debe ser tutelado, pues sus decisiones no necesariamente serán “correctas”; el voto no es ya el resultado de una reflexión individual sino fruto del manejo interesado y coordinado de la información. Es el comienzo del fin de la democracia.