El poderoso derecho de veto en la ONU

El poderoso derecho de veto en la ONU

Una vez que Rusia decidió hacer uso del poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hace menos de dos semanas, para frustrar la aprobación de una resolución de condena por la invasión de Ucrania, se prendieron las alarmas en occidente rechazando la medida que hasta hoy sigue generando comentarios de todo calibre. De hecho, el propio presidente ucraniano, Volodomir Zelenski, que vino a la ONU, durante su intervención, hasta llegó a pedir que fuera retirada esta prerrogativa a Moscú. El asunto es más complejo de lo que uno se pueda imaginar y lo voy a explicar. En primer lugar, el referido poder de veto es el derecho que cuentan los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que es el órgano de las Naciones Unidas con capacidad para tomar decisiones de naturaleza coactiva, es decir, del uso de la fuerza. Corresponde, entonces, además de Rusia, a China, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. En buena cuenta lo que hace es impedir que pudiera darse una resolución que necesariamente exige la unanimidad de los referidos miembros permanentes del Consejo, bastando que uno se oponga para que la pretensión quede frustrada. Es conocida mi posición sobre la guerra en Europa del Este, sin embargo, lo relevante es aquello que establece la Carta de la ONU, que es un tratado, es decir, que desde el rigor del derecho internacional, los rechazos o condenas del uso del poder de veto resultarán en saco roto, dado que es un derecho unilateral consagrado de manera implícita en el artículo 27 de la referida Carta, es decir, aunque no se lo refiere expresamente como tal, queda claro que el numeral 3 de este artículo lo relieva al establecer que se deberá contar “…incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes…”.

En 1989, Francia vetó una resolución que condenaba la intervención de EE.UU. en Panamá para detener y llevarse preso al narcopresidente Manuel Noriega; en 2011 EE.UU. vetó otra que condenaba el establecimiento de asentamientos judíos en territorios de Palestina; y, en 2016, China lo hizo contra otra resolución que condenaba los ataques terroristas en Siria. El poder de veto se usa para todos los gustos e intereses y es la llave maestra para impedir que los seres humanos nos acabemos unos a otros por lo que si no existiera las resoluciones se adoptarían por mayoría y no será difícil imaginar, por ejemplo, que EE.UU., el RU y Fr, juntos todo el tiempo conseguirían todo lo que se propongan, con lo cual la ONU terminaría convirtiéndose en inviable o inservible para la paz planetaria, y en camino a su desaparición, como pasó a la Sociedad de Naciones, su antecesora, de la que nos ocupamos en mi columna de ayer. Por tanto, el poder de veto impide el antojo o la coincidencia de los intereses de una decantada mayoría. Los miembros permanentes del Consejo, lo son por el resultado de la correlación de fuerzas en el planeta, luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), es decir, fueron definidos por su contribución al referido mantenimiento de la paz internacional, o si prefiere, por contar su cuota o porción relevante en el poder mundial. El derecho de veto debe mantenerse a cualquier precio pues es la clave para asegurar la paz mundial, créanme, y nuestra Representación Permanente, aquí en las Naciones Unidas, debería defenderla expresa e irrestrictamente.

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