Hace algunos años, junto a unos amigos, creamos una editorial que iba a tener como fin la publicación de nuestros primeros libros. Se hizo lo que se pudo y se podría afirmar que el resultado, hasta antes de la disolución del proyecto en común, fue satisfactorio. De entre los libros que publicamos destacó uno titulado Domus, de Moisés Azaña.
Había una broma muy cruel que hacíamos en torno a Moisés y su hábito de llegar siempre tarde a las reuniones. Esta broma consistía en que, de no llegar a tiempo a la presentación de su propio libro, aprovecharíamos para hacer la segunda presentación de algún otro título de la editorial.

Tomemos en cuenta eso: la relación entre el poeta y el tiempo. Moisés, como reza en su biografía de solapa, practica la «puntualidad limeña». Esto es un eufemismo que nos evita decirle a Moisés que es terriblemente impuntual. Pero un impuntual es solo una persona que tiene una concepción anárquica del tiempo.

Entonces tenemos al tiempo como un primer elemento que inunda el poemario. El tiempo es una espera y la casa (o Domus) no es otra cosa sino el lugar donde se espera la muerte. Y de casas de ese tipo tenemos muchos ejemplos en la literatura universal. Basta con recordar La Metamorfosis, de Kafka. Todo ese relato se desarrolla en una casa dentro de la cual un hombre permanece encerrado en su habitación, encerrado a su vez dentro de un cuerpo que no es el suyo. Casa, habitación y cuerpo son allí un triple encierro, un símbolo de la angustia y la soledad, temas que son tratados en Domus con apreciable maestría.

Los versos de Moisés son claros, diáfanos, elaborados en un tono conversacional en muchos pasajes, y nos cuentan que la casa está condenada a dios y el tiempo. Porque dios es otro gran tema que aborda Moisés. Es el tema central del libro, en mi opinión, pues la casa es el universo mínimo que puede crear un hombre, y dios siente rabia de que puedan imitarlo.

El poemario, estructurado en siete escenas y un epílogo, nos remite al movimiento propio del teatro. Hay, como ya dije, una intención narrativa de contar la forja de una casa y su inminente caída.

Finalmente, el gran mérito de Domus reside en modelar como el barro los temas trascendentales, a partir de un elemento cotidiano, mundano y concreto, con una claridad que asombra por su lucidez.