Las asonadas callejeras provocadas en noviembre pasado por el partido morado -del cual Sagasti no renunció a ser candidato a la vicepresidencia, para los comicios 2021- encendieron la chispa del incendio pandémico que hoy asola al país. El fuego lo avivó esa laxitud mostrada por el régimen Sagasti alrededor de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Cuando el 16 de noviembre Sagasti asume la presidencia -bajo el mismísimo procedimiento y por el mismo Parlamento que, cinco días antes, había nombrado jefe de Estado a Manuel Merino- para nadie (menos para Sagasti, como responsable del Estado y consecuentemente encargado de manera oficial de, entre otras funciones, velar por la salud y la vida de los peruanos), repetimos, para nadie fue un secreto que ahí había empezado la segunda ola de contagios en el Perú. A mayor abundamiento, Europa ya mostraba los estragos de una segunda avanzada del Covid.

Esta vez, todavía con mayor mortalidad y de manera aún más intensiva. Sagasti lleva 3 meses en el gobierno. Así que desde el día en que asumió el cargo su exclusiva tarea debió ser encarar la pandemia. ¡No fue así! Se abocó a hacer politiquería barata. Es más. Retuvo a la ministra Mazzetti en la cartera más álgida, de la cual dependen justamente la vida y salud de los peruanos, y cuyos resultados –durante su gestión- ya exhibían una abrumadora incompetencia, que la descalificaban para permanecer al frente de semejante responsabilidad. ¡Sagasti la atornilló al cargo! Ella había formado parte del fracasado equipo de Salud urdido por los comunistas Vicente Zeballos –hoy premiado como embajador ante OEA- y Víctor Zamora, gracias l quienes el Perú ha ostentado el primer puesto, tanto en cuanto al número de muertes por millón de habitantes como por la gravedad de la crisis socioeconómica mundial a consecuencia de la pandemia. Pero todavía faltan antecedentes. En junio 2020, el miserable Vizcarra ofreció comprar millones de dosis de vacunas prometiendo que su gobierno haría lo indecible para que antes de finalizar el 2020 los peruanos estuviesen vacunándose. Lo mismo hizo con las camas UCI, los respiradores mecánicos, las plantas de oxígeno, etc. ¡Todo fue una mentira criminal! Ciertamente Mazzetti ha sido copartícipe del falseamiento de este, repetimos, miserable Vizcarra, quien dicho sea de paso habría recibido la vacuna junto con su esposa en el mes de setiembre 2020, convalidándose la ruindad de este sujeto.

Volvamos a Sagasti. Sabiendo lo que hemos reseñado sobre las carencias en Salud, producto de la temeridad de Vizcarra y sus súbditos Zeballos, Zamora y Mazzetti, el apañuelado bardo mantuvo a Mazzetti sabiendo (ambos) que se les venía encima una segunda ola monumental. ¿Hicieron algo? ¡Nada! Compraron 300,000 viales de vacuna para 140,000 personas, pero no adquirieron una sola planta de oxígeno que, a falta de vacunas, es la única solución para amainar las muertes. Y encima, Sagasti y Mazzetti culpan al sector privado de “no ser solidarios porque destinan sus plantas de oxígeno a la minería, en vez de a salvar vidas”. ¡Par de miserables!