En nuestra columna anterior sosteníamos que el gobierno estaba desarrollando una táctica muy inteligente de demolición del Congreso mostrando una aparente debilidad para cambiar su gabinete colocando a la cabeza a una señora de buenos modales y mejor hablar que el anterior, pero manteniendo su estrategia de incorporar en el nuevo equipo a ministros con graves antecedentes morales y funcionales en puestos claves para el desarrollo del plan de captura total del poder político para, a la vez, mostrar a un Congreso que le impide gobernar porque ya saben que habrá una reacción política frente a los ministros manifiestamente inidóneos.

Luego de ver la reacción del Congreso frente al primer gabinete ministerial que jamás tuvo la intención de gobernar sino la de asumir el rol de aplanadora para ir infiltrando y controlando toda la institucionalidad estatal, lanzando las ideas fuerza contenidos en el plan de gobierno originario de corte estatista, chavista declarado expresamente, ataques al capitalismo, generar zozobra económica, entre otros, para ir midiendo la reacción de la población porque se estaba actuando en pinzas: una guerra declarada y desarrollada sordamente contra el Congreso y una prédica populista y presuntamente reivindicativa con la población porque, como ya lo dijeron en muchas ocasiones, aquí se hará lo que el pueblo decida y no lo que las reglas existentes mandan que se haga.

Por tal razón es que no entendemos a quiénes se sorprenden cuando ven a la actual primera ministra concurrir al Congreso a solicitar la investidura con el voto de confianza y, mientras ella leía un discurso populista de buenas intenciones pero vacío de fundamentación económica, disfrazando, incluso, la intención prioritaria del gobierno de convocar a una asamblea constituyente al proponer un nuevo pacto social sin desarrollar el tema; el presidente se presentaba en diferentes plazas públicas comenzando por Jaén ofreciendo dinero a gobernadores y alcaldes para que ejecuten sus obras aunque sin mostrar un plan de armónico desarrollo regional y local por la obvia falta de dinero en el corto plazo y sin tener en cuenta que casi el noventa por ciento de gobernadores están con procesos penales en curso o presos, no importó nada, habló de seguridad ciudadana reforzando la presencia en su gabinete de los ministros más cuestionados y casi mostrando el camino hacia la conformación de comités de defensa ciudadana al mejor estilo cubano chavista y lo que es peor, hablando de Camisea y su necesaria nacionalización, asegurando a la población del sur del país la masificación del gas sin decir cómo, con qué ni para cuándo porque se necesita inversión, pero antes, una negociación con el consorcio que tiene la concesión.

A este paso la inversión privada vendrá al país el día de san blando y la pobreza hará su propia tarea.

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