¿El presidente Sagasti tiene algún problema que le atormente? Creemos que sí. Sabe que, entre muchas barbaridades, Vizcarra es culpable de que no tuviéramos vacunas. ¡Y carga con semejante muerto, por falta de agallas para denunciarlo! Un drama que podría resolverlo simplemente diciendo la verdad. ¿Por qué guardarle las espaldas a un miserable como Vizcarra, que engañó al país y abandonó sus responsabilidades de cuidar a la ciudadanía? A estas alturas, no sólo resulta incomprensible sino suicida su silencio. Veamos. El 31 de enero 2020 –hace un año- el gobierno de Vizcarra emitía la Resolución Ministerial 040-2020 MINSA, entre cuyos considerandos incluyó: “La salud es condición indispensable del desarrollo humano y medio fundamental para alcanzar el bienestar individual y colectivo, y la promoción de la salud es interés público. Por tanto es responsabilidad del Estado regularla, vigilarla y promoverla, garantizando una adecuada cobertura de prestaciones de salud a la población, en términos socialmente aceptables de seguridad, oportunidad y calidad.” Por cierto, la mencionada resolución apareció incluida en El Peruano bajo el título: “Aprueban protocolo para atención de las personas con sospecha de infección confirmada por coronavirus”. Esto nos hace ver que, desde entonces, Vizcarra ya era consciente de la delicada coyuntura sanitaria que se acercaba. El problema, amable lector, es que este sujeto -que pujó por hacerse de la presidencia- no hizo absolutamente nada para enfrentarla. De haber prestado atención a los considerandos de aquella resolución habría puesto al Estado en alarma y ordenado, por ejemplo, la compra de pruebas moleculares –en vez de las asesinas “rápidas”- y elaborado una estrategia para estructurar estadísticas fundadas en el resultado de aquellas pruebas, haciéndole el seguimiento correspondiente a quienes dieran resultado positivo, fuera de disponer su confinamiento. Eso aparte de abastecer al Perú de equipos para envasar oxígeno, respiradores mecánicos, camas UCI, etc., que ya se conocía eran fundamentales para enfrentar, de modo eficaz, esta plaga que, hasta el momento, ya viene cobrando más de 100,000 vidas en nuestro país.

Si Sagasti insiste en asumir semejante responsabilidad debería contemplar que, más temprano que tarde, una comisión investigará y señalará a los culpables de un crimen que incluso pudiese acarrear condenas por lesa humanidad. Hoy la tesitura del señor Sagasti –una persona afable que erradamente aceptó un cargo indebido en el tiempo equivocado al no estar capacitado para desempeñarlo- resulta alarmante. Lo dicen sus discursos incoherentes y erráticas conferencias de prensa. Y su conducta del domingo por la noche, produciendo una extravagante, aberrante fanfarria por la llegada a Lima de 300,000 viales de vacuna china para inocular a 150,000 de los 32’000,000 de peruanos aderezándola con una oratoria grandilocuente proclamada al pie del avión. Y como remate, alentó un ridículo desfile de cientos de unidades protegidas por miles de policías que dejaron abandonadas sus funciones, para darle pompa al arribo al Perú de una ínfima muestra de vacunas –siendo como somos, la última nación americana (quizá del orbe) en recibirlas- haciéndole aparecer ensimismado, fatuo y disparatado. En consecuencia, incapacitado para conducir coherentemente a este atribulado país.