El principio del fin

El principio del fin

Las horas de Pedro Castillo en el poder parecen estar contadas. La entrega del exsecretario de la presidencia de la República Bruno Pacheco a la fiscalía y la entrega de pruebas que corroboran la existencia de una organización criminal que lo cobijó y de la que participó, siendo el presidente el cabecilla de la misma, hacen que Pedro Castillo huela a muerto y que su estancia en palacio de gobierno se haga insostenible. Queda por ver si Dina Boluarte, la vicepresidenta, participará o no en la sucesión constitucional como quieren los caviares. No hay que olvidar que, para la derecha, caído Castillo, los principales enemigos son los caviares que ya han empezado su ofensiva contra la fiscal de la Nación a la que no pueden controlar. La siguiente movida de los caviares será jugar a la polarización del país entre fujimorismo y antifujimorismo, amparados en la composición de la Mesa Directiva donde Lady Camones y Martha Moyano han pertenecido o pertenecen a Fuerza Popular. Allanarle el camino a Boluarte es el objetivo minimizando como cierta prensa su inconducta inconstitucional. Mientras, la calle está en calma pese a la galopante crisis económica, política y moral y es precisamente el antifujimorismo el que podría despertarla. Eso lo saben los caviares y a eso juegan para que se “vayan todos” y meter de contrabando una constituyente o elecciones generales con Sagasti a la cabeza. Pero si los caviares tienen un norte claro post Castillo la derecha está en cero. Lo demostró con su división en la elección de la Mesa Directiva del Congreso.

Por un lado, están los que creen en lo ideal sobre lo posible, olvidando que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Por otro, aquellos que son capaces de aliarse con el diablo con tal de que sus creencias conservadoras prevalezcan. De los dos estos son los peores. El pacto del ultra religioso Esdras Medina de Renovación Popular con los comunistas por cuestiones que los vinculan con el género, por ejemplo, es una muestra de que son como los petainistas de Vichy colaborando con los invasores nazis contra el mundo libre. Son fanáticos y sólo ven el árbol en el bosque. No les entran balas. No hacen política sino religión y sus miras son tan estrechas como las de un caballo con anteojeras. Por eso adoran a Putin y les importa un bledo que este sea un criminal de guerra que ha invadido y asola Ucrania.

Los idealistas en cambio conllevan otro tipo de peligro. Son como un zapato desamarrado con el peligro constante de enredarse en los cordones y darse un traspiés. Con una derecha así, entre (anti) fujimorismo, fanáticos e idealistas la era post Castillo no les pertenece o se les escapa pues llegar a un mínimo consenso resulta muy difícil.

Con los comunistas y la izquierda embarrada en la ineficiencia y la corrupción los caviares, una vez más, parecen estar a la vuelta de la esquina. Es una lástima que estos parásitos vuelvan a colarse por la puerta falsa.

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