El problema es de Chile, no del Perú

El problema es de Chile, no del Perú

Definitivamente, el Perú está obligado a adoptar medidas más drásticas para controlar la crisis migratoria porque las reformas anunciadas son solo reactivas y no resultan suficientes.

Chile está arreando a los refugiados, sobre todo venezolanos, por la necesidad de frenar la ola criminal que azota a especialmente su región norte; y porque Boric requiere revertir la tendencia de votación adversa que llevará en unos días a la oposición de derecha a ganar las elecciones para formar el nuevo grupo de notables constituyentes.

El socialismo de La Moneda es un fracaso total. La demagogia se ha juntado con el pésimo gobierno financiero y la sociedad está encabritada con el jovenzuelo que ungieron como presidente a partir de una corriente de eco del Foro de Sao Paulo. Hoy la antigua joya del neoliberalismo latinoamericano está en decadencia.

Los rojos no pudieron imponer el mamarracho de Constitución que buscaba desaparecer a la bicentenaria república liberal; la inflación es galopante; la confianza empresarial ha desaparecido e instituciones antes sólidas como las Fuerzas Armadas y los Carabineros (policía) están disminuidas en una sociedad harta de un mandatario doblegado por sus peculiaridades psiquiátricas.

Pero Boric ha buscado recuperar su imagen forzando un enfrentamiento reiterado contra el Perú. Apoyó a Castillo pese a ser un golpista; y desoyendo las alertas de su Cancillería se sumó a las voces necias de López Obrador, Petro y Evo Morales entrometiéndose groseramente en asuntos internos de nuestro país. Luego, decidió olvidar su retórica humanitaria y llevó a los migrantes, como a un rebaño rabioso, hasta la frontera con el Perú, a sabiendas que debía buscar una salida con sus aliados socialistas de Bolivia, Argentina y la propia Venezuela.

Esa actitud es hostil; y si bien no propugnamos que escale la tensión creemos insuficiente que se haya desplegado un par de centenares de soldados al borde limítrofe. El Perú está en la sagrada obligación de cautelar su soberanía y debe militarizar la frontera, cerrando lo más herméticamente posible el ingreso a inmigrantes ilegales. Sobre eso no puede haber concesiones. En nuestro territorio ya hay más de un millón y medio de venezolanos y el nuevo problema nos es ajeno.

Es hora de cerrar también la frontera en Puno para desarticular el separatismo aimara – comunista; y porque se avecina una ola migratoria que puede ser enorme tras la quiebra financiera de Bolivia y Argentina. Concentrémonos solo en defender los intereses del Perú.

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