Hay que priorizar la solución de la raíz del problema sobre la mitigación de sus consecuencias.

Como lo predijimos en este mismo espacio en el mes de mayo, al shock de oferta generado por la prolongada cuarentena le ha seguido el shock de demanda inducido por el masivo desempleo, la falta de inversión y la retracción de las exportaciones. Este shock de demanda está impidiendo que la actividad productiva vuelva a sus niveles pre-pandemia. Nuestras autoridades y muchos analistas insisten en diagnosticar que el shock de demanda es un fenómeno pasajero y que con medidas de estímulo monetarias y fiscales temporales la economía volverá a su curso normal. Discrepamos.

El BCRP ha recurrido al uso de medidas no convencionales para inyectar más de 60 mil millones de soles a la liquidez del sistema financiero, buscando evitar la ruptura generalizada de la cadena de pagos. La SBS ha tenido que autorizar la suspensión del servicio de las deudas y su reprogramación para evitar el aumento de la morosidad. El MEF ha consumido íntegramente el Fondo de Estabilización Fiscal y, además, ha incrementado el endeudamiento público emitiendo bonos soberanos. Estos recursos han financiado el pago de subsidios y transferencias monetarias a la masa de desempleados generada por la prolongada e inefectiva cuarentena. El Congreso con sus medidas de corte populista ha destruido el sistema pensionario y el sistema de salud y ahora amenaza socavar la independencia del BCRP con el uso de las RIN para garantizar la suspensión y reprogramación de las deudas de los consumidores.
Lo que nuestras autoridades y muchos analistas no perciben es que la raíz del problema es el masivo desempleo generado por la prolongada cuarentena. El equilibrio que existía en el mercado laboral pre-pandemia era gracias al empleo informal. La pandemia ha dejado al descubierto la precariedad de ese equilibrio y ha generado una falla de mercado de enormes proporciones, solo vista en la época de la gran depresión de 1930.

En el Gráfico 1 se presenta la evolución de la población ocupada a nivel nacional incluyendo a formales e informales. Observamos que antes de la pandemia el número de puestos de trabajo superaba los 17 millones y más del 70% de estos eran informales. Según datos del INEI, en el trimestre móvil abril-mayo-junio el número de empleos cayó a 10 millones, es decir se perdieron alrededor de 7 millones de puestos de trabajo.

Con la reapertura de la economía los puestos de trabajo se han comenzado a recuperar pero a niveles que están muy lejos de los niveles pre-pandemia. Si bien aún no se cuentan con datos de empleo a nivel nacional para el tercer trimestre, podemos utilizar los datos ya publicados de Lima Metropolitana para los meses de julio y agosto e inferir que las fases 2 y 3 de la reapertura económica a nivel nacional solo permitirán llegar a 13 millones de empleos de los cuales los informales deben aumentar su participación.

Para el último trimestre no se avizora una recuperación significativa en el empleo debido a que a partir del mes de septiembre se observa un menor ritmo de recuperación del nivel de empleo, lo que indica que la actividad económica, si bien mostró un fuerte rebote desde el mes de junio, probablemente no siga creciendo a ese ritmo en los próximos meses. Por lo tanto estimamos que para fin de año el nivel de empleo debe terminar alrededor de las 13 millones 500 mil personas.

Del análisis anterior concluimos que la economía iniciará el año 2021 con una brecha de empleo de alrededor de 4 millones de puestos de trabajo, sin contar las 300,000 nuevas personas que se incorporan al mercado laboral cada año. Los 4 millones de puestos de trabajo significan alrededor de 60,000 millones de soles menos de demanda al año, monto equivalente a los programas Reactiva 1 y 2 juntos. No hay presupuesto del MEF que pueda compensar estos niveles de demanda perdida. En este contexto, las medidas de estímulo del MEF son como una gota de agua en el desierto o como arar en el mar. No nos llevan a buen puerto. Solo conllevan a aumentar el nivel de la deuda con relación al PBI y a dejar una carga pesada para el gobierno entrante.

¿Podrían los otros componentes de la demanda, la inversión y las exportaciones, ser la solución? Esto es lo que opinan muchos analistas y es adonde deberían dirigir sus esfuerzos las autoridades. En el caso de la inversión se apuesta a que la inversión pública va a jalar la inversión privada. Eso no será posible si no se enfrentan y resuelven las “fallas de gobierno” que estamos viviendo. Tenemos un gobierno fallido. La función de un gobierno es minimizar las fallas de mercado pero en nuestro caso tenemos un gobierno que pone obstáculos al mercado en lugar de propiciar la libre competencia, el empleo y el crecimiento económico. Las grandes obras públicas se encuentran paralizadas por el escándalo Lava jato, por el Club de la Construcción, por trabas burocráticas o simple incompetencia. En un año electoral y lleno de incertidumbres, difícilmente el sector privado se arriesgará a invertir. Por lo tanto poco podemos esperar del componente de inversión.

Respecto a las exportaciones, la mayoría de los analistas ven en ellas la solución. El repunte de los precios del oro, el cobre y otros minerales ha reforzado esta posición. Pero la realidad es otra. A pesar del aumento de los precios de los productos de exportación el volumen de las exportaciones de bienes se encuentra 15% por debajo de los niveles de 2019.

En el Gráfico 2 se presenta la evolución de la variación del volumen de la exportación de bienes para el periodo ene/2008 – ago/2020. Para evitar la estacionalidad se ha utilizado el índice de volumen del acumulado de los últimos 12 meses. Observamos que al mes de agosto de este año el volumen de nuestras exportaciones viene cayendo alrededor de 15% respecto al 2019. La actual caída opaca a las caídas registradas en la crisis financiera del 2008—2009 y en el Taper Tantrum de 2013 – 2015. Si la caída de las exportaciones de bienes es alarmante, peor es la situación de nuestras exportaciones de servicios. Con el turismo paralizado, las exportaciones de servicios son prácticamente nulas. Por lo tanto poco podemos esperar de nuestras exportaciones en términos de reactivación en el corto plazo.

¿Qué hacer entonces? Crisis de esta naturaleza requieren de medidas excepcionales como lo hizo Roosevelt en 1933. Si el sector privado no está en condiciones de generar empleo formal en los niveles que se requieren, el gobierno tiene que intervenir para corregir esta falla de mercado antes que se origine un estallido social de imprevisibles consecuencias. Se requiere movilizar un contingente de 2 millones de desempleados (la mitad de los 4 millones que actualmente tenemos) en pocos meses. Para lograrlo debe buscarse la participación de todo el país. El Estado ya demostró su incompetencia, intentando, sin éxito, enfrentar la pandemia sin buscar la colaboración del Sector Privado. En tiempos de Roosevelt el Cuerpo Civil de Conservación (CCC por sus siglas en inglés) pudo realizar esta tarea con la participación de los ministerios de agricultura, vivienda, iglesias y Fuerzas Armadas. Algo similar se requiere en las actuales circunstancias. El Ejecutivo y el Congreso tiene la palabra. (El contenido de esta columna se puede consultar en http://www.prediceperu.com/).