El primer Mensaje a la Nación del presidente Castillo en el Congreso de la República tuvo nota aprobatoria. No fue extremista, incendiario ni radical, como esperaba la derecha bruta y achorada. Fue hasta moderado y coherente con sus promesas de campaña. Preocupa, sin embargo, que el mandatario siga en modo candidato, considerando ese ambicioso plan programático anunciado ayer. A ello se sumarán luego tres momentos claves: la juramentación de su primer gabinete, el voto de confianza del Parlamento y sus primeras acciones de gobierno, ya jugando en la cancha.

Esta presentación -por cierto- estuvo plagada de simbología política disruptiva respecto al sistema político vigente. Juró por una nueva Constitución; anunció que no utilizará Palacio de Gobierno para dormir ni para trabajar, cediendo estas instalaciones al Ministerio de las Culturas (que cambiará de nombre); usó una tenida no tradicional con sombrero chotano, emulando a Evo Morales; insistió en solicitar al Congreso la convocatoria a una Asamblea Constituyente dentro del marco constitucional vigente; cambió la fecha de juramentación de su premier y su primer gabinete; movió la parada militar para el viernes 30 (día no festivo) y le dio carácter de evento privado; entre otras señales que pretenden refundar la República, conmemorando 200 años de independencia.

Lo cierto es que Castillo demuestra tener un pragmatismo que funciona cuando de sobrevivir se trata. No olvidemos que lidia con tres fuentes antagónicas que lo alimentan de gestores públicos: 1.- La tecnocracia “caviar” de Verónika Mendoza y Pedro Francke, quienes han perdido influencia en el círculo de confianza del nuevo mandatario; 2.- La tecnocracia “mercantil” de Ollanta Humala y Manuel Rodríguez Cuadros, que aporta cuadros en sectores productivos, de orden interno y de defensa; y 3.- La tecnocracia “regional” de Vladimir Cerrón y Perú Libre que, junto a Martín Vizcarra, aportan cuadros con experiencia en gobiernos regionales y locales del interior del país.

Este viernes 30, cuando juramente su primer gabinete, sabremos qué nivel de influencia tiene cada cantera tecnocrática en el mandatario. Pero existe un círculo de influencia más poderoso e íntimo, el de sus familiares directos, quienes filtran las propuestas que provienen de las canteras tecnocráticas mencionadas. Sus familiares directos toman hoy las decisiones más importantes en el proceso de transición. Su poder logra vetar ministros o incorporar caldo verde y tamales chotanos en el menú de recepción presidencial organizado para sus invitados internacionales.

Este último círculo es de su entera confianza, pero si no hilan fino como viene haciéndolo el profe Castillo administrando sus canteras tecnocráticas, podrían convertirse en el talón de Aquiles del gobierno. Nada peor que convertir un poderoso círculo de confianza e influencia en un laberinto del cual no pueda salir airoso el nuevo mandatario.