Queridos hermanos:

Estamos en la IV semana del Tiempo Ordinario ¿Qué dice la Palabra? Dice la Primera Palabra tomada del libro del Deuteronomio “Moisés habló al pueblo, diciendo: El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis…” Esto es importante porque ya Moisés está anunciando que vendrá el Mesías. De allí la afirmación del evangelista San Juan: Dios suscitará el Mesías, que será un nuevo Moisés. Hace un paralelismo entre Jesús y Moisés. Y ¿cuál es la misión de este profeta, que es el Mesías? Su misión es llevar al pueblo a Dios. Y ¿quién es este Mesías? Es Jesús de Nazaret. Y ¿si se presentan falsos Mesías? La lectura responderá: “Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”. Hoy, hermanos, cuántos falsos profetas hay en la sociedad y hablan con arrogancia. Dios ha enviado a Jesús, que es la Palabra hecha carne, para salvarnos y liberarnos de la esclavitud de nosotros mismos. Esto, hermanos, es lo que estamos viendo en esta pandemia: ¿Quién rompe esta arrogancia que tenemos dentro, esta soberbia que nos impide amar al otro y hacernos humildes? Solamente Jesús de Nazaret. Por eso es muy importante escuchar su Palabra y ponerla en práctica.

Respondemos con el salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». ¿cómo se endurece nuestro corazón? Por el amor al dinero, dicen los Padres de la Iglesia, por el amor a nosotros mismos. Y ¿cómo salir de esta situación? Haciendo limosna. Es impresionante las oportunidades que tenemos para dar limosna viendo la cantidad de pobres que van por las calles pidiendo ayuda, sobre todo ahora, con la situación que vivimos en donde hay escases de trabajo.

La segunda Palabra tomada de la carta de San Pablo a los Corintios habla de la importancia de los carismas, de la necesidad de su presencia en la Iglesia. Nos habla, por un lado, de los casados, quienes se preocupan de las cosas de este mundo buscando contentar a su marido o a su mujer; y por otro lado nos habla del que no está casado y está preocupado en dedicarse plenamente al Señor, buscando siempre la Voluntad de Dios, que es quitar la trampa que nos induce a las preocupaciones del mundo, que son los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.

Por eso, hermanos, cantamos con el Aleluya: El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban la tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. Esta es la situación del mundo a la cual Dios envía al Mesías, a su Hijo. Y ¿cuál es la misión del Hijo, de Jesús? Nos lo dice muy bien el evangelio de San Marcos. Dice que Jesús, estando de la ciudad de Cafarnaúm, entró en la sinagoga a enseñar. Todos, asombrados, lo miraban porque Él les hablaba con autoridad. ¿qué decía? ¿qué anunció? ¿qué hizo? Expulsó los demonios. Hermanos ¿existe el demonio? Sí, y está en nuestro corazón. Por eso gritan los demonios: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!». El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él”. Por eso estaban asombrados, porque veían una enseñanza nueva expuesta con autoridad. “Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen”, se decían unos a otros. Hermanos, estos espíritus inmundos que llevamos en el corazón nos hacen sufrir, nos impiden amar al otro como es. Por eso invoquemos el nombre del Señor, invoquemos su poder, su gracia; que Él ha venido a destruir este muro que nos separa del otro y quiere darnos la gracia del Espíritu Santo para poder amar tal cual es, para aceptar tu vida, para aceptar tus pecados. Esta, hermanos, es la misión de Jesús. Por eso decimos que Jesús, el Hijo de Dios, es el que cargó con nuestros pecados. Cristo es quien quita el pecado del mundo, que es lo que estamos experimentando todos los días en nuestras familias, en nuestras casas durante esta pandemia.

Por eso ánimo, hermanos, que el Señor nos ama y ha dado la vida por nosotros. Yo les invito a todos a invocar este poder, a este Mesías hecho carne, Jesús de Nazaret, y saldremos de las tinieblas y de las sombras de muerte.
Ánimo y que la bendición de Dios esté en tu hogar.

Obispo emérito del Callao