Por Luis Sánchez Gonzales

De un tiempo a esta parte del desarrollo de la vida, el ser humano por naturaleza posee los núcleos impulsivos, que a través del proceso de maduración se van estabilizando, siendo más tolerante para afrontar las diferentes experiencias que tocan en la vida, siendo lo más importante saber canalizarla para bien.
La violencia y el impulso caminan de la mano, la violencia es la exteriorización del impulso, que no se puede controlar muchas veces por diferentes razones como las frustraciones, en que las personas no toman las cosas con serenidad y dan rienda suelta a su falta de control, que puede desencadenar hasta en un daño irreparable e incluso pueden ser cosas nimias sin importancia. Pero en la mente de la persona se instala el incumplimiento de una cita acordada con anticipación con la pareja, que existe motivos atendibles y comprensivos, como el tráfico, los semáforos, una incidencia que se haya presentado, inesperadamente llegó visita a la casa, al teléfono no entraba la llamada, sin embargo, la persona supuestamente afectada, decide terminar la relación, en atención a su incumplimiento sin entender razones por ningún motivo. Esta actitud demuestra un nivel de inmadurez, de desconfianza, que su razonamiento rígido, que no le permite el menor análisis por tener una idea preconcebida de falta de respeto, sin tener la capacidad de colocarse en el lugar de la otra persona. Un perfil de esta persona es para decirle hasta acá continuamos y cada uno sigue su camino. Porque por un motivo fútil se comporta de esta manera, cómo será su vida interpersonal y de relaciones con terceras personas, en la familia, en el trabajo, en su vida social, hábitos, costumbres, recreación. Por lo general, estos seres humanos buscan la perfección dentro de la imperfección, es decir, nunca están conformes con nada, todo les parece insuficiente, indisponen a las personas, se pelean constantemente y cometen muchos desaciertos, que los conducen a errores insalvables.
Una persona impulsiva es un maltratador de la pareja, hijos, familia en general, él o ella, son las únicas personas que tienen la razón, inclusive pueden tener un buen coeficiente de inteligencia, pero su mundo emocional está desbordado, que no le permite desarrollar la parte sana de su persona, son rebeldes sin causa, de pronóstico desfavorable para la psicoterapia, creen que saben más que el terapeuta, pocas veces se arrepienten de su conducta, están aparentemente quietos por un tiempo y vuelven a reincidir, seres humanos que su final es la soledad, la cárcel o el manicomio, nadie los quiere tener a su lado por ser personas tóxicas.