Estamos ante el Domingo XIV del Tiempo Ordinario. La Primera Lectura de la Misa de hoy es del profeta Zacarías. Dice: “Mira a tu rey que viene victorioso y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica”. Está haciendo una profecía de cómo vendrá el Mesías, es decir, Jesucristo. “Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar”. Jesucristo destruirá todo esfuerzo, toda valentía, porque el cristianismo es gratis. Lo que indica esta palabra es que Dios vendrá como un pobre, como el Siervo de Yahvé que destruirá las prepotencias y nuestro orgullo y soberbia. Por eso está anunciando el profeta Zacarías cómo vendrá Jesús.

En la Segunda Lectura que es de San Pablo a los Romanos dice: “Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros”. La carne es la prepotencia, lo que decía anteriormente. Termina la lectura diciendo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”. Un cristiano es aquel que tiene dentro el espíritu de Cristo, resuena Dios en su corazón. “Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”. Dios nos está llamando a vivir en el espíritu, dejar el hombre viejo y revestirnos del Espíritu Santo.

El Evangelio es de San Mateo y dice: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Jesús nos ha revelado lo que es el Padre a través de su presencia en la tierra. Nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. ¿Qué es este descanso? Entrar en aceptar la voluntad de Dios. A nuestros ojos es un absurdo, pero con Jesucristo la cruz es suave, entrando a la voluntad de Dios gratuitamente. Entramos en la mansedumbre que necesita el hombre de hoy, ser manso y humilde de corazón. Eso es el Reino de Dios. ¿Quieres experimentar el Reino de Dios? Invoca a Jesús, que es manso y humilde de corazón y encontrarás el verdadero descanso, que no está en hacer vacaciones, en hacer business, sino en hacer la voluntad de Dios. “Toma tu cruz y sígueme”. Sólo así serás feliz porque contemplarás aquí en la tierra el cielo. La contemplación de la Palabra de Dios cada día nos da la felicidad. Yo les invito a leer el Evangelio de cada día, para tener así descanso en nuestras vidas.

Todo el que esté cansado y agobiado porque no acepta su vida, porque no acepta la pandemia, porque no acepta ya vivir todo el tiempo en familia, que sepa que el Señor te quiere ayudar, te quiere dar su Espíritu. Dios te está revelando el secreto de la cruz, te está haciendo semejante a la imagen de Jesús.

Recen por mí.

Obispo emérito del Callao