Por: Roberto Cores

Corría 1972. Joan Manuel Serrat ofrecería su primera temporada en Lima con presentaciones en canal 4 y el cine – teatro Broadway de la avenida Brasil. En 7 Días, exitoso semanario del diario La Prensa, tenía mi sección Para Ella Para El Para Todos. Asistí a su conferencia de prensa en el hotel Crillón. Terminadas las preguntas y fotos, lo invité para almorzar. Aceptó. Fuimos con dos miembros de su equipo. Escogí el ambiente tranquilo, la buena cocina y precios saludables en Las papas fritas. Discreto y acogedor restaurante de Irene Livingstone en la Colmena.

Tal vez porque el almuerzo estuvo entretenido, propuse que podríamos continuar la sobremesa en la Feria de la Mujer Campesina que tenía de escenario el campus de la Universidad Agraria en La Molina. Le pareció buena la idea. Puede que recordara sus días en Tarragona estudiando en la Universidad Laboral Francisco Franco, donde se graduó como tornero fresador. Tomamos un taxi y los cuatro fuimos a la Feria.

Disfrutaron paseando, observando, preguntando con interés y luego comentando las tradicionales artesanías en tejido, cerámica, juguetería, las tallas en madera y piedra Huamanga, la joyería en plata y semillas. Pero fueron los instrumentos musicales de percusión y los de viento, como la antara que se animó a tocar, lo que retuvo al famoso cantautor que en 1965 había grabado Les Seves Cancons, su primer disco, un simple. En 1971 la compañía Zafiro – Novola editó Mediterráneo, álbum que alcanzó inmediato y gran éxito de crítica y venta. Cuando vino, ya era una figura de talla intercontinental.

Recorriendo la Feria, viendo los puestos, fumando sus cigarrillos, no hubo un segundo en el que tuviera un gesto con aire fatuo, palabra de esas necias o ridícula petulancia con que tantas veces se inflan quienes no tienen trayectoria ni talento, pero sí presunciones con que piensan dan el porte de estrella, que no son.
Hace unos días mi buen amigo y pintor Getsemaní, dice, tu primera Crónica del segundo mes se publica el lunes 1. Hacen 21. Tiene que ser especial, la llave que abra la puerta a los cambios.

Como le creo, pensé usar las fotos de la tarde con Joan Manuel Serrat y su equipo. Igual que las de Rocío Casuso Cubas, reina del Concurso Nacional de Marinera de 1982 publicadas el lunes pasado, son un regalo que el tiempo mantuvo oculto hasta pocas semanas cuando mi duende las trajo nuevamente a mi mano.

Recordé que en el 72 para mi sección de 7 Días muchas veces en la plancha de montaje trabajé directamente textos y dibujos, libertad recibida de Pedro Beltrán Espantoso, director de La Prensa. Para esta Crónica, sobre una hoja de Expreso, que dirige Antonio Ramírez Pando, tracé los que hoy acompañan a Serrat y estoy seguro serán la llave prometida.