La “era de la post verdad”, la corrupción, las “fake news” (noticias falsas) y su proliferación instantánea a través de las redes sociales, son asuntos de actualidad que interpelan a nuestra sociedad y, en especial a investigadores y profesores de la Ética y el Derecho, en distintas universidades del mundo. El pre congreso internacional de la FIEDI y el congreso de la IAMCR (Internacional Association for Media and Comunication Research), al que asistimos y que reunió a mil ochocientos investigadores de todos los continentes en Madrid-España esta semana, ofreció un abanico de conferencias que alertaban sobre una profunda crisis en el sistema político democrático, el económico, la sociedad y la familia, en manos de auténticos aparatos manipuladores y propagandísticos sustentados por poderes interesados en objetivos totalitarios.

La “post verdad” es un fenómeno nuevo, en el sentido de que se trata de aceptar como verdad “mentiras emotivas”, mentiras que se sustentan y apoyan en datos falsos, pero “creíbles” (podrían ser, pero no son); mentiras que se aceptan como verdad, no solo porque se repiten muchas veces, sino porque son mentiras que nadie objeta, porque nadie se da el trabajo de averiguar, ni de cotejar, ni de comprobar. Los peruanos sabemos perfectamente cómo sectores mediáticos, políticos, sociales y económicos, nos han introducido, cada vez más, en este mundo de la “post verdad”, donde cualquier persona o grupos que no se alineen a la “verdad oficial”, a lo “políticamente correcto”, son presa de una estrategia perversa que se desata a partir del “bullyng” que se inicia en las redes sociales y continúa en los demás medios. Así se “justifican” mentiras, como si fueran verdad y lo “injusto” se convierte en “justo”.

A partir de las “fake news”, noticias falsas que se lanzan a través de las redes y demás medios con el objetivo de desinformar, se han tomado decisiones equivocadas y absolutamente dañinas para una sociedad que después ya no ha podido dar marcha atrás. Las “fake news” no son más que informaciones creadas por un emisor con la intención de influir y manipular en un suceso, provocando confusión y engaño. Las últimas campañas electorales en el Perú son una muestra de cómo se ha recurrido a campañas de manipulación millonarias, sin las cuales una pírrica candidata a la alcaldía de Lima no hubiera podido ganar y, menos, hubiera podido mantenerse después de un proceso de revocatoria. Pero las “fake news” son ejercicio diario, en la calle, en los medios, en las redes, en los centros laborales; es decir, ahí donde haga falta imponer mentiras para el provecho propio.

La corrupción requiere de las “fake news” y se favorece con la “post verdad”, es este el motivo por el cual esta época es particularmente crítica y peligrosa; porque se trasgreden los valores humanos y la dignidad de la persona –especialmente de los más débiles y empobrecidos– para imponer unos valores falsos donde la vida del ser humano se subyuga al poder político despótico, al poder del dinero mal habido y a un hedonismo que esclaviza. Pero, más allá del diagnóstico de la situación actual, está la capacidad de desarrollar un ordenamiento jurídico que haga frente a las nuevas formas de injusticia en un mundo, más digital y tecnológico. Como también está la capacidad de propiciar la formación ética de todos, pero en especial de quienes estén llamados a ejercer cargos de liderazgo político, económico y social.

(*) Profesora en CENTRUM PUCP, G.B.S.