El robot erudito

El robot erudito

Un novelista construye un personaje complejo y evolutivo a partir de lo que ha visto y vivido; es un saber intuitivo, que toca resortes del sentimiento humano a los que no tiene acceso, sino como data la Inteligencia Artificial.

En el intento de comprobarlo, se le ordenó a la “máquina” construir un personaje; este era llano, previsible, lineal y sin comunión con el drama humano.

Se confía mucho en la erudición y la inteligencia como conexión de palabras, pero se deja de lado la sabiduría. Difícil creer que una inteligencia no humana la haga de gurú con la profundidad de quien ha descubierto los vericuetos de la psicología humana y la oscuridad del mal que no se perfila en la dicotomía bueno-malo de la moral convencional, sino en esos baches que hacen que un hombre bueno en un mal día perpetre el peor de los crímenes.

¿Qué puede decir un acumulador de datos de un enorme servidor sobre la ambigüedad, el humor o las pulsiones que se califican en base a criterios que no están en la enorme caja de información del Chat GPT? Tiene un juicio a priori, evasivo, quizás porque es políticamente correcto.

La gran web está afectada por un cúmulo de info fake, datos falsos que ni buscando en Google podríamos confirmar. Quien lo intente con enfermedades y muertes de políticos vivos y muertos, se percatará de que hay errores que subyacen en algún lugar oscuro, pues no se explican en sus respuestas. Afirmar que un expresidente vivo murió años atrás es suficiente para no preguntar más.

Otro problema es la capacidad del raciocinio propio para hacer entrar en contradicción a la máquina, esto cuando se plantea la misma pregunta de dos formas diferentes y una de ellas con una afirmación que abre la interrogante y que la Inteligencia Artificial da por cierta.

Difícil creer que una máquina de erudición tenga la sensibilidad para criticar el fondo dramático de una película o de una novela o que escriba un poema que sea innovador en su estética y comprensión del mundo o que tenga la visión del profesor que percibe en los gestos del niño un problema que le dificulta aprender. Qué decir de los psicólogos o de los jueces que rompen una línea jurisprudencial por una justicia que sobrepasa los libros que leyó en su vida. Dudo que el apreciado robot se atreva a darme la razón.

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