El rol de Estados Unidos en la guerra del Medio Oriente

El rol de Estados Unidos en la guerra del Medio Oriente

Estados Unidos de América es el país más poderoso del mundo y aquel que lo dude pues tiene un serio sesgo o un febril prejuicio que le impide patéticamente ver la realidad. Este tamaño de calificación, que le corresponde como superpotencia, exige de Washington una postura firme para hacer prevalecer el mantenimiento de la paz en el planeta -conforme reza la Carta de las Naciones Unidas-, lo que significa en buena cuenta, que debe hacer prevalecer su poder como hegemón de la Tierra; sin embargo, ¿cómo debe hacerlo?, pues con equilibrio porque los tiempos en el globo han cambiado, y creo que no lo está haciendo cabalmente. Voy a explicarlo. El presidente Joe Biden no debió viajar a la región del Medio Oriente. Se ha expuesto gratuitamente y el cierra puertas, o quizás portazo, que le han dado los gobernantes de algunas naciones árabes, lo ha dejado mal parado, y eso me preocupa pues su respaldo a Israel -que ya todos sabemos que es ciento por ciento-, no requería visibilizarlo extremis, pues lo único que ha cosechado es una exacerbación de la sociedad islámica que, incluso, se ha reavivado en la vieja Europa, donde ya no solamente el extremismo islámico del pasado ha vuelto a la carga, sino los migrantes del Islam, que llegaron en las últimas décadas, cerrando filas con la causa palestina, y consiguiendo que se revierta la percepción mundial de lo que ha acontecido entre Israel y el grupo terrorista Hamás, es decir, que de una inicial condena mundial de la masacre en los kibutz judíos cercanos a la frontera con la Franja de Gaza, al repudio, también mundial, por el bombardeo en un hospital de Gaza y por otros ataques que vienen dejando muertos palestinos por todos lados.

El mundo sabe que Estados Unidos está con Israel y no será estratégico para Biden ir más allá de la acción disuasiva para mostrarlo. Washington jamás entrará en una guerra ciclópea donde una de las partes en combate es un grupo terrorista, por lo que más bien debe guardar el referido equilibrio que el difícil momento demanda. Es verdad que los países árabes tienen cada uno sus intereses unilaterales, como pasa con Jordania, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, entre otros, pero también lo es que existe una unidad árabe intrínseca -no olvidemos el panarabismo-, fortalecido desde que apareció el Islam -en Jerusalén se encuentra la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar sagrado del Islam, pues dice el Corán, que desde este lugar Mahoma partió a los cielos en un caballo alado-, que podría volver al primer plano, es verdad que con matices, para no romper con Washington, pero culturalmente en un escenario de difícil indiferencia con Palestina. Existe una mística árabe que los lleva verse solidariamente comprometidos y esa realidad no debe ser soslayada. La Casa Blanca y sus halcones saben muy bien que debe cuidar que las vinculaciones con el mundo árabe no terminen rotas pues el petróleo se cuida por sobre todas las cosas. Creo que el reciente mensaje de Joe Biden, que recuerda el rol de su país, conforme el Destino Manifiesto, en la sociedad internacional, no debería perder de vista que el hegemón está llamado, por su condición superior y privilegiada en términos de poder planetario, a mantener el orden mundial, de lo contrario, todo se podría ir de las manos, porque una parcialización de Washington no deberá creerse en lo absoluto como para ver a China o Rusia de brazos cruzados. Cuidado con eso.

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