El Rolex de Boluarte y la frivolidad de la política

El Rolex de Boluarte y la frivolidad de la política

Hasta hace unos pocos años el presupuesto del Parlamento rozaba los 400 millones, hoy supera los 1000 millones; gran parte de este incremento se enfoca en la contratación de personal de cada parlamentario y otras ventajas bastante estériles para los fines nacionales. Desde hace un tiempo cada año el Congreso incrementa sus gastos de manera desenfrenada. Es uno de los parlamentos más costosos de Latam a pesar de ser unicameral y tener menos representantes que otros.

La Contraloría General de la República evidenció hace poco que los gastos en los que el Estado incurre en la contratación de consultorías -la mayoría innecesarias- han llegado a la friolera de 6 mil millones de soles. Una monstruosidad. En la práctica lo que se ha montado de manera inmoral es una red pseudo burocrática externa al Estado en la que se beneficia a amigos que cobran jugosas cifras por trabajos que son más una excusa que algo que aporte al país. El caso más icónico y reciente es el de Richard Swing, el engreído de Vizcarra.

Petro Perú, una empresa con miles de problemas para su subsistencia ha requerido rescates sistemáticos de miles de millones de dólares de parte del Estado. Ni los cambios de ministros de Energía y Minas detienen la sangría. La poca valentía para afrontar este tema se lleva recursos que podrían servir para hospitales o comisarías. Hay que mencionar aquí que también debemos contar el gasto faraónico que ha representado el incremento del costo de la refinería de Talara, además el incremento del costo de la línea 2 del metro de Lima, casos en los que sin duda además de la frivolidad y el dispendio está presente la corrupción.

El detalle del Rolex de 14 mil dólares de Boluarte -una joya que no tiene correlato con sus ingresos- podría parecer menor pero es muy simbólico. Es el reflejo de la frivolidad en la que ha caído la política nacional. La clase política formal -del Congreso y el Ejecutivo- actual se ha dedicado a aspirar a lujos y a gollerías, mientras las mayorías populares están abandonadas. Hay pobreza, falta de agua potable, anemia, una salud pública deficiente -atravesada por el dengue y el lobby de los medicamentos- liderada por un ministro de Acuña, colegios en los que no hay las condiciones mínimas y sin mantenimiento, etc. No hay vivienda social, ni decisiones ni un plan de emergencia para el sur. La agenda social está postergada. El pequeño productor del campo está empobrecido y los emprendedores y las familias están endeudadas. No sé vislumbran grandes obras de infraestructura para cuando el gobierno de Boluarte acabe.

Es bueno mencionar que Alan García y el APRA aplicaron una política de austeridad respecto a los sueldos de las autoridades, lo cual fue un gesto positivo. Luego esto fue derrumbado por los Humala, otros frívolos cuyos funcionarios son casualmente piezas estelares de la administración actual.
Parece que entre tanto reloj costoso, Boluarte no se da cuenta de que para que su gestión tenga algo que mostrar se le va agotando el tiempo…

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