Curioso, ¿no? Los dos principales escándalos de corrupción en la historia de este país –Odebrecht y las vacunas chinas– podrían acabar tramposamente investigados y sus responsables dolosamente procesados y condenados, por una misma razón: ambos están protegidos por convenios secretos, fabricados por genuinos traidores a la patria a espalda del interés popular. Los fiscales Rafael Vela Barba y Domingo Pérez Gómez armaron un contrato secreto con la corruptora Odebrecht para evitar que sus dueños, directivos y empleados sufran condena civil y/o penal, fuera de anularles todo reclamo indemnizatorio, tanto a ellos como a la propia empresa mafiosa; incluso condonándole inconstitucionalmente miles de millones de soles en tributos defraudados. Por tanto, nunca sabremos cuánto robó Odebrecht por sobrecostos escondidos, ni tampoco con cuánto y a quiénes sobornó con dinero de los contribuyentes peruanos. Por otro lado, en contubernio con una empresa de China Comunista -SASAC (Comisión Estatal para la supervisión y administración de las Activos del Estado), según indica la BBC “lo más cercano a una empresa estatal china”- el miserable Vizcarra, la ex canciller Elizabeth Astete, sus ex ministros de Salud Víctor Zamora y Pilar Mazzetti, el “médico” Germán Málaga y otros canallas que pronto destapará el poquísimo periodismo libre que queda en el Perú, fabricaron un “contrato secreto” que impide al pueblo peruano –que paga la factura– saber en qué fechas, a qué precio, en qué condiciones de entrega y cuántas dosis de vacuna ha comprado el Perú. Por cierto, la vacuna Sinopharm todavía no es aceptada por la Comunidad Europea, por la FED norteamericana ni por una enorme cantidad de países de mundo. Además, su eficiencia es muy inferior a la de sus pares Pfizer, AstraZeneca, Johnson & Johnson, Moderna, Sputnik, etc. Y por si fuera poco, resulta ser dos o tres veces más cara que las demás.

Pero aquí no queda el desenfreno de las vacunas chinas, amparadas por un contrato secreto con claras características de preludio de corrupción. Porque desde abril 2020 –cuando el miserable Vizcarra anunciara que “los peruanos serán los primeros de la región en recibir la vacuna contra el Covid– han pasado diez meses. ¡Y el Perú sólo ha contratado dosis con China para vacunar a 450,000 pobladores! ¡Y somos 32’000,000 millones! ¡No hay contratos pactados con otros proveedores! Todo indica que quienes negociaron para adquirir la vacuna china –encabezados por el abyecto Vizcarra y sus rufianes Astete, Zamora, Mazzetti, Málaga, etc.– propiciaban que el Perú adquiriese sólo la vacuna china. De confirmarse esta tesitura, estaríamos ante una banda criminal genocida. Por tanto, no cabe secretismo alguno, amables lectores. Nos encontramos ante un posible crimen de lesa humanidad por cuyas consecuencias morirían al menos otros 100,000 ciudadanos, además de los 100,000 ya fallecidos. Porque de habernos asegurado al menos 45’000,000 dosis de vacuna para finales del 2020, tendríamos inoculados a 40’000,000 de peruanos antes de abril. ¡Lamentablemente Perú tan sólo cuenta con viales para vacunar a 450,000 ciudadanos! ¡Y no hay contratos en firme que aseguren que recibiremos otros 44’000,000 de vacunas de diferentes proveedores!